pues eres la mujer
que más me ha soportado,
la que más me ha entendido
y con la que más he charlado
desde mi propio ser.
Sabes que no me gustaba tu música,
ni tu gusto por las flores,
no me gustó jamás tú liderazgo,
ni que el perdón fuera una cosa rústica
y odié siempre tus calzones;
sin embargo amé tu falta de hartazgo,
hacia mí y a hacia mí pensar y mi sentir,
y francamente no quiero pensar
que solo fue por sexo,
pues ello me haría a tercera llamada
llamar.
Que de igual modo sería algo bello
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