que aún me enternecen tantas cosas
que soy de aquellos de llanto precoz
cuando algo realmente me emociona,
como el amanecer frente a la mar,
como aspirar el aroma de una rosa
o sentir sobre mi cuello la hoz
de todo aquello que a lo bello no reacciona.
Hoy conocí a Rocko,
un perro maltés de color negro
y a la primera palabra otorgada para él
me saltó encima moviendo la cola.
Él no me juzgo como un idealista y un loco,
él sólo me sintió desde su inmaculado pecho
y en su actuar comprendí que me sabía leer,
que sabía de mí el pacto de la caracola.
Lo dejé ladrar a mi alrededor
mientras me brincaba en las piernas,
sin siquiera saber que él fue mi reparador
de la ternura que necesito en mis letras.
Le dejé un cubo con agua
y después tuve que afinar mi garganta.
Espero verlo pronto.
Otra vez por aquí.