diciembre 07, 2013

También los gatos lloran

También los gatos lloran
sin que nadie los note
-¡La mar en sus ojos a solas!-,
y su llanto es una daga
secando una flor aún en brote.

diciembre 06, 2013

Afónica perorata de mis días

Sigo siendo aquel tipo gris y es la noche
-la bendita noche- quien me da razón
de cirios apagados a mitad de un funeral
que no es el mío, mientras el sol esconde
un par de rayos y calla la voz cristalina del mar.

!Qué bien suenan las campanas de la catedral
armonizando el caminar de las putas del barrio
con sus tacones altos y su belleza del mal!

Pienso -mi cabeza es un estallido de balas
que no logran nunca su blanco-, y mi manera
de decir por más que quiera o requiera
y debido al trago, a menudo me resulta vulgar,
por más que la retórica sabida de reojo
me venga a dar clases y besos en la boca de quimera,
o se me esboce en la utopía de mis alas
cierta clase que me cerró en las narices
la puerta con la frialdad del hierro del cerrojo.

Pero tengo mi trago en la mano, mi tabaco
quemando su vida en el cenicero, recargado,
como quien recarga por un rato el alma en el atril
para sentir de la muerte carmesí, su tibio descanso.

A la luz inmersa en el rocío no le importa la cruz
ni cree en la esperanza traidora del libre albedrío;
no para los poetas, para los cínicos que escriben
su certeza, no para los que engrandecen su pobreza
entre la tinta negra que eyacula sin esperar críos;
y la nada no basta para hallar en ella certeza.

Hoy bien puedo decir que a mitad de la ausencia,
han de nacer islotes y en el pecho cúmulos de tierra
que buscan entre detonaciones paz en la guerra,
terrones de azúcar, palmadas en el hombro, la decencia
de que carece la etiqueta de aquel llamado poeta
y estas ganas de ser para ti, tu padre, tu hermano,
tu amante; el más deseoso y febril de los proxenetas
que tan sólo se conforma con el estruendo de tu risa,
con la talla de tus manos, con tu boca si me besa de prisa.

Sigo siendo aquel remedo de juglar que no canta
a sabiendas de su voz queda, un especulador de la sombra
que me mantiene sujeto al esplendor de la fiera seda
en la que el silencio teje su ruido e irrevocablemente te nombra;
sigo siendo aquel que te desea y entre letras se atraganta.

diciembre 05, 2013

Hace ya tiempo

"En toda esta perorata
de sofismas y apologías
recién tenida a solas
y en mi cabeza,
el único presunto culpable
pareciera que soy yo
inmerso en la certeza
de ser un hombre imposible;
¡Qué va! -me digo-
y sigo cantando mi canción..."

Gabriel Salinas.




De esto hace ya tiempo -tiempo ido y venido,
perdido, corrompido por nuevos vientos-,
y en mi currículum de muerto resplandece
una luz acompañada del eco de una sonrisa
que abrillanta frente al espejo esta sombra
empañada por la ausencia y la eterna prisa.

Resulta ser que soy ahora aquel que espera
el aterrizaje de las palomas en los parques
para contarles de tu risa, de la piel de tus manos,
de toda esta horda de deseos de ti,
que me concentro en la savia del momento
inmortal y venidero en el que te pienso.

Sabes, te lo tenía que decir,
aunque de esto hace ya tiempo.

diciembre 04, 2013

Te quiero

Todo resultaría más sencillo, si la nada
que rebusco en los bolsillos, hallara tu boca
y tu pecho en mi pecho en hondonada
no arrastrara del cuello su propia roca.

Pero nada de ello es verdad,
aún me queda por derribar la ausencia
y esta vileza aunada a la soledad
en la que preciso sin más tu presencia.

Eres hermosa y lo sabes, te lo ha dicho mi pecho,
mis manos cuando no te tocan, mis levantes,
mi letra en tinta negra, mis latidos por ti deshechos,
la garantía de mi pecho sin demonios como avales.

Y te quiero a tí, como quiero tu sonrisa,
como requiero tu pecho y la curva en ti cadera,
como pretendo arañar con mi silencio tu risa
sembrada en mi muerte en la lista de espera.

Pero te vi, aquel día, con tus medias negras
y el albor prendido a tus piernas y en tus labios
no pude menos que elucibrar tu voz en mis letras,
cuando el latido de tu ser brotó en mis manos.

Te quiero. muñequita de azafrán,
como quién quiere del amor
 el ritmo de una cadera que le prodigué la paz.

Sobre las lenguas del mar

"¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón..."

Fito Paez.

Incluso en la cuchilla aserrada de la más 
malva noche, en la desesperanza del mendigo,
en la cúpula más sombría del propio arrabal,
sobre las lenguas del mar, en el nunca contigo,
me queda en pie el pecho y dos besos con sal;
me queda un latido y su ausencia en derroche.

Pero a sabiendas de ser mi propio juez
y el verdugo que traza a diario una linea punteada
bajo mi cuello, no he de pensar sino en tus pies
enraizados entre los míos, en el lodazal de ausencia
que me cargo cuando pretendo lo más bello, 
los cielos más febriles de tus labios, tus manos, 
tus ojos irradiando lo poco que me queda de brío.

Es poco lo que tengo, lo sabes bien, 
mi luna por los demonios de otrora carcomida,
mis manos, mi necedad acuñada a los labios, 
mi tinta negra y aún un poco de grisáceo encanto, 
mi pecho, mis temblores, la ignorancia de mis sabios
y esta nocturna certeza de hallarte dando vida a mi vida.

Incluso tengo un corazón dispuesto a quererte
bajo las sombras en las que avecina mi muerte.

diciembre 01, 2013

No me pienses

Puedes tomar como una burda certeza
el sol que quema, la luna en su gelidez
o la estrella que atrinchera en mis bolsillos
soledades y un futuro sin cabeza,
pero puedes tomar como puro y certero
este caminar junto a ti cuando me anclo al verso.

Y si es que dudas de ello,
vengo a decir que te quiero,
como es que mi obtuso verso
vienen buscando entre tu pechos
licencia de todo aquello que me resulta bello.

Pero no hagas caso del borracho
que escribe su vómito entre palpitares,
tampoco de los gatos que te rondan
buscando ente tus manos cálidos hogares.

No me pienses bellísima sirena,
cuando con diestra mano
destruyo mis castillos de arena.

Del reloj dando las tres de la mañana

Estoy aquí, sin más razón
que la de esperar el ángulo agudo
del reloj dando las tres de la mañana
mientras me bebo un trago
y evoco lo peor de mi calaña
en la humareda de mi feroz tabaco.

Hoy recordé a mi némesis de la infancia
que yace ahora olvidado bajo una lápida
-lo degollaron después de una golpiza-,
y también como una película inenarrable
empecé a tener un par de recuerdos de ti,
de tus besos, de tus manos que aún sin tiza
han dejado su fiera marca en mi espalda,
cuando me resulta tu nombre ahora inombrable.

Y estoy aquí, ya embriagado
después de la promesa de caminar a tu lado,
después de la embolia que aún no me ha dado
por quererte como te quiero
situado en mi razón en la que desespero.

Hoy pretendía abrazarte en el mismo bar
que ha de callar nuestro palpitar secreto,
llamarle al camarero por un nombre distinto
-siempre te ha hecho reír  un "¡Hey, Crispín!-,
para decirte después que mis ganas -mis ganas de ti-
elucubran en tus formas un demonio que creí extinto
y que morir entre brazos es lo que más requiero.

Por mi costado

"Siempre,
dentro de toda esta vorágine
de días y noches perdidas,
he sido lo más que he podido ser;
y dentro de esta apología
se alojan mil poemas en las fauces
de mi oscuro neceser..."

Gabriel Salinas.


Por mi costado ha de trepar la luz,
un cantar alojado en las costillas,
el fantasma inmortal de mil astillas
resultado de este pecho en la cruz.

Sin embargo en mis sentidos excesos,
mi hojarasca arrastra hasta aquí tu risa,
la hoguera de tu abrazo entre las prisas
del diario trajín con hambre de un beso. 

Por mi costado ilumina una estrella
de cinco picos nacida en tus manos
y la fiel cofradía que la sella.

Por mi costado crecen los manzanos
ante lo cierto de saberte bella
metida en mi pensar siempre malsano.

noviembre 30, 2013

A tu lado, y contigo

Bien, 
tendré que empezar 
por lo primero. 

La justificación de mis actos 
es algo más de allá 
de mi propensión al vicio 
al que me he anclado 
por tantos años, 
y sin embargo, 
no me conlleva a soltar 
de tajo el timón de mi barca 
a pesar de los malos tiempos 
y la alta probabilidad en mi vida 
de chubascos con miras 
a terminar en un romance 
con el alegato. 

Pero debo empezar 
por lo primero, 
como debe ser.

A medida que la vida 
me otorgó la experiencia de los años 
(buenos o malos), aprendí 
a seguir mis instintos 
siempre consultados antes de dormir 
con todo aquello que dijeron 
o escribieron alguna vez 
esas grisáceas sombras 
que he llamado sabios. 

Y nunca ha sido tarea fácil 
parafrasear una idea 
en la que ya pesa en demasía 
una lápida y las millones de visitas 
que la hacen descansar 
en una supuesta grandeza. 
¡Ah, mis mentores, 
mis poetas, mis cantores, 
todos (casi todos, sólo es cuestión de tiempo) 
muertos, viviendo su gloria a solas, 
en silencio, con total franqueza!

No he de ser la estampa fiel del patán 
que se dice poeta para hallar 
un enjambre de muchachas 
que se dejen embaucar ante mi letra, 
aunque puedo hacerlo para crear 
de mí un arma indestructible 
que se dedique a quemarropa 
a crear. Pero no, no lo soy; 
no podría nunca. Alguna vez, 
inmerso en las primeras cofradías 
que las noches me brindaron 
sin saber siquiera de la resaca 
que queda después de copular 
el sentimiento con el pensamiento, 
cierto rayo de una arista de la luna 
me dio directo al pecho, 
y preferí ser franco 
con relación a mis dogmas 
a sabiendas de un futuro árido 
y con maleza de desierto. 

Y nunca antes, como ahora, 
toqué con mano 
propia la razón de mi deseo. 
¡
Culpad a mis sabios, pasión mía, intocable! 
Y de ahí mismo, 
se me surgió en el alma 
un big bang en pequeña escala, 
del que nació el hombre que ahora soy 
y la felinidad del gato que escribe 
y no se sabe partidario 
ni del poeta ni del escribano.

"Las musas, jamás se tocan".
Me dijo una vez un anciano 
que recitaba su poesía 
(¡Y vaya que era hermosa y sentida!) 
en los vagones de un tren oscuro 
a pesar de sus verdes, 
que me conducen diariamente a casa. 

Y me lo tragué, cómo el enfermo traga 
a la hora exacta sus píldoras 
y detona la poca fuerza que le queda 
en hacer sus ejercicios por la mañana.

Y no he de mentir, 
sigo tragando sus palabras, 
a pesar de estas noches 
en las que por orden de prioridad 
te escribo y después me bebo 
un cuarteto de tragos, 
en estas noches en que mis dedos 
se pigmentan de un amarillo tenue 
y se impregnan de un para siempre 
que esboza el tabaco.

Y tu, siendo una musa 
que me abraza en su realidad 
y algunas veces cuando nadie mira, 
me besa, vienes siendo la brasa 
que esta hoguera enciende 
con su precariedad de leños, 
que tanto precisan compartir su calor 
con la humedad de tus labios. 

Y no es que requiera 
la espera de mis apologías 
y del verdor de mis propios desiertos, 
es que metida en el sin embargo 
que acontecen mi pecho y mis letras 
te quiero. Aunque de ello dudes 
y me quieras querer sin tenerme. 

Pero sabes, siempre busqué 
por los pasillos a oscuras alguna pista 
de la autenticidad de lo dicho, 
sin encontrar jamás entre mi verso 
un propio y letal estribillo,
que sin embargo fuera del todo mío.
 
Y sólo puedo escribir a mi favor 
esta noche un te quiero 
esperando una réplica fiel en tu boca, 
en tus colores pastel, 
en el sofisma que me llevo a vestir la piel 
del Sísifo aquel. 

Aunque Sísifo nunca se enfrentó
 a al filo de tu pecho, 
a tus labios, a tu forma de ser Mujer.

Ha de joderme 
la contraposicion ambarina 
de lo que pienso y lo que siento, 
de los caudales en sequía que otrora fueron 
de una ética personal insondables ríos 
llegando a un certero océano. 
Eso es un hecho, 
tan real que pudiera compararse 
con este frío en el que me encuentro 
tiritando a solas con los retazos
de un latido otrora verde
y ahora deshecho.

Hace días di cuenta
de un centenar de poemas
que hablan de ti certeramente,
o en su timidez que es la mía,
te maquillan para no hacerte saber
que me dueles tanto
como mi alma se regocija
con la esperanza de saberte
entremetida entre el significado
de mi utópica ambrosía.

Y también ello me jode,
cuando recuerdo mis discursos memorables
de una ética y una moral
que yo mismo sabía que no pretendía.

Pero fuera de cualquier discurso moral
o la de este esbozo de patética retórica
en el que nada digo,
puedo subrayar que no en tu cuerpo
o en tu belleza, he encontrado
una razón para decirte que me encantas
y que en mi radiante sobriedad
tan sólo me me muero de ganas
de estar, a tu lado, y contigo.

3+2

I

Un tanto, sí, me preocupa el mar
o la sal, no lo sé; 
el punto, quizás, 
inmerso en esta solitaria espera
es que mis manos se sienten
imantadas por tu cadera.

II

Bastante conveniente resulta no confesar
los esqueletos que cuelgan del armario,
las quimeras que nos lanzan besos al espejo,
ni compartir al dormir el propio sudario.

Bastante conveniente resulta erradicar
en noches como esta, la luna y la mar.

III

Ante este frío en el que tiritan mis huesos
me planto frente a una hoguera que depende
del recuerdo de tu boca en mi boca, 
de mi abrazo a tu cintura mientras una canción
palpita una verdad en la que nos inmiscuimos
cada quien atado al cuello por su propia roca.

Y todo es tan lindo, que escucho la misma canción...

IV

Como cualquier animal,
como un toro de lidia estocado
en las costillas a mitad del ruedo,
como un faro de arrabal,
como un pavo real condenado
dos días antes de navidad,
algunas veces muero de miedo.

Sin embargo he de disculparme
por los años y los días,
por este silencioso y franco desarme
de la pasión y la ambrosía;
por hallarme algunas veces febril
cuando ya nada me recuerda a ti.

V

La mayoría de las veces desespero
en cofradía de un trago que precisa
agua mineral vertida de tus labios;
cuestiones como esa nunca han sabido
explicar aquellos que tomé por sabios.

noviembre 27, 2013

Azulados cuervos

"...Incluso en mi estadía por la vida
he dejado pasar un par de veces 
la muerte. Una de ellas, pistola en mano;
la otra, la más vívida y más cruenta, esbozando
en lo alto la brillantez del filo del machete..."

Gabriel Salinas.

Bien, aún sigo vivo -pienso- y cantan
a lo lejos o rugen -no lo sé- las olas de mar.

A poco menos de dos kilómetros de aquí
el ulular de las luces bicolores de las sirenas
alumbran el paso de la muerte y estoy febril
bebiendo un trago que acompaña a mi tabaco.

Y bien, sigo vivo -pienso- y las mariposas
aleteando -quizá sean larvas- me alejan del mal.

Pero aquí sigue habiendo un silencio y las alas
son de azulados cuervos suspendidos en la noche
que se me viene encima como el plomo de las balas
que perforan el pecho, justo en el preciado otrora.

Y también, me desvivo -y te pienso- y te ansío
desde este poema mío que precisa tu pecho al clarear. 

noviembre 26, 2013

Frente a las feroces fauces de la noche

Ahora que me sé incompleto y corruptible
a la frágil apología de la mar, que no soy más
que el centro de una llaga que sangra, bicolor
y amorfa, poco más que un bocado comible
aguzando su encanto frente a las feroces fauces 
de la noche, de este estar sin estar, de las sombras;
ahora que preciso clases de viraje de un timón
sin control y tan amante de espirales, que navego
ensimismado y taciturno sobre una ruta antigua
y gris en la que el cielo es torrente y ante él
me doblego, un par de estrellas preguntan por ti.

noviembre 25, 2013

Es fácil intuir mi latido

Es fácil intuir mi latido cuando decrece
-hombro a hombro-, entre tanto trago
de aquel ron que me sabe a la muerte;
entre un sol quemante sol que no perece
después de calentar sus ruines estragos.

Nada he de reprocharle a esta vida mía
malgastada y terrible, dando sombríos tumbos
entre bares y botellas tristes y vacías
en lo insufrible y la ferocidad de mis rumbos.

Es fácil intuir el canto del gallo que despierta
al que tan sólo vive, en dichosa mortandad
entre la sombra perenne de la arena y su peña,
sin que nunca conozca el sabor del mar.

Es fácil hacerse a toda hora el idiota
que busca remendar el pecho y las tripas
que naciéronle del todo con la boca rota,
fácil es reconocerse con el gen que emancipa
el lodo del alma manteniendo el lustres de las botas.

Tu eres un canto aún en mi voz inconcebido,
un verso que no he escrito en el lienzo de tu espalda,
la devoción que me ha nacido debajo de tu falda,
una caricia entre manos y lengua de lo perdido.

Es fácil intuir mi latido cuando te quiero
como nadie y he de darte las armas
con las que sin remedio me muero,
por ti, si no te tengo sujeta a mi cama.

En la intermitencia de mis felinos silencios

Y así, en la intermitencia de mis felinos
silencios, en la oscuridad que acontece
en mis ojos cuando pienso o tan sólo
le pido a la muerte no rebajar su precio,
en el diario caminar de la mano de la ausencia
rebuscando una estrella en los bolsillos,
en esta gama reducida de un arcoiris
a dos colores, en cada pétalo de la flor
ardiente de mi cigarrillo, en el fondo
de un trago que procura viejos dolores,
vuelvo en ti, a ser lo que no fui, lo que soy
ahora con los zapatos gastados y el corazón
febril, sentado en la banca de un parque cualquiera
buscando razón y un verso cristalino y blando,
en el que seas mi todo, mi locura más certera.

Y no es que sea tu cuerpo, a mí me resultas
rotundamente bella; y tampoco es que sean tus ojos
o la curva de tu cadera, tus manos, tus pies
que aún entre los míos ansío y desconozco,
o tus senos acunados a mi pecho entre volutas
de humo, sino que para mí y a mi lado, pues
me resultas rotundamente cierta y por demás bella.

Y así, entre los muertos que me cargo,
entre las lápidas que han grabado en gris mi nombre,
en el sin embargo de tenerte y no tenerte
a media noche, en este repentino y letal asombre
de quererte, de soñarte, de despojarte de la muerte
que me ronda compitiendo contigo por mi beso,
vuelvo a ser aquel que perdió todo por un verso.

Ahora que soy el derroche en carne viva
desgarrando sus jugos malsanos ante la lumbre
y una luz perdida, voy dejando mi letra prendida
al final de un aguacero, en las ríspidas cumbres
desconocedoras del hambre del pan de la vida;
ahora que no duermo y cuando embriagado lo hago
pienso en la gloria en secrecía y en esa espesa risa
que te acontece después de una sonrisa,en el filo
que se esboza entre el cacao, dispuesto en tus labios
si me buscan, y entre mi propia sinrazón dan el blanco.

noviembre 23, 2013

Conclusiones ante la Musa

I

Vaya que es amiga la muerte
pues siempre me acompaña,
me enciende un cigarro, bebe conmigo
y me desea después,
la mejor de las suertes.

II

La universalidad de las teorías del hombre
radica en la fatalidad de una creciente orbe
en la que la carencia y la necesidad
predisponen el oleaje cristalino del mar;
pero habremos de morir todos
para confirmar ya sin sufridas convulsiones
que en el fondo resulta tibio el lodo.

III

Nunca habrá siquiera un dejo de fidelidad,
los hombres somos hombres y las mujeres
serán, y en la penumbra de los ojos que no ven
y el corazón que no siente,
nos entregamos al mar.

IV

Como un arcoiris que deja una estela
de aroma a chocolate, como un abrazo
moribundo entre la cofradía de la oficina,
como un burdo trazo de este gato que escribe
cuando le place estar embriagado, entre la espina
en la que nace una gata, como el deseo que vive
ceñido a tu cintura en la que soy un tenue declive.

V

Hoy tengo ganas de dormir,
de emanciparme un rato del alma
que lleva a mi noche a pensar en ti,
de regresar gustoso a la calma.

Pero te quiero corazón, como quiero
ser el bálsamo que sane con un beso tus pies,
como te quiere el terrible aguacero
para secarte con caricias de sol después.

Aún no es hora

Incluso mis más oscuras penumbras
saben de ti y que te quiero tanto,
de lo que siento cuando sin más remedio callo
ante esta espesa luna que el alma me alumbra
un rincón que precisa, la querencia en su manto
de estrellas, el querer asirme del todo a tu tallo
celeste donde el vértigo no asoma en mi cornisa. 

Vienes siendo una gota de luz y fértil ambrosía,
un campo minado de flores y fugaces estadías
que nada saben de la cruz,
del la tristeza que por años compré por vocación
ante la vela cansina que me mostró una luz
en la que logró hallar lugar mi membresía.

Aun no es hora de expresar un te amo,
cuando he de hacerle el amor a la ausencia
y entre el griterío de no tenerte conmigo,
ha de venir la muerte a la que también amo,
ha sembrar de amapolas mi vientre y su presencia
ha de hacer a un lado mis sueños contigo,
en los que te sueño, y mis bigotes de gato relamo.