me gusta quedarme en casa y cocinar
evitar a cuántas más personas se pueda
me gusta leer a solas recostado
escribir sentado con el torso erecto
y entre todo ello poder rebuscar
aquello del alma de otrora que me queda.
Sé que he hecho mucho mal
y me he disculpado, así mismo entiendo
cuando la disculpa no es aceptada
porque el daño está ya hecho.
La vida no es justa, solo es
cómo debe de ser
y mi felicidad se basa ahora
en las falsas de aquel otrora
y en algunas gotas de alegría
que mantienen mi necia poesía.
Y sé que nadie la pretende leer
pero me gusta mucho fumar
y antes de dormir me encanta beber
para poder mis transtornos calmar.
Me gusta mucho charlar también
con la gente que me hace sentir amado
por quién soy y no por quien parezco
vivo el presente maldito y no el después
pues ahora estoy entre los olvidados
y creo que no es lo merezco.
Mi felicidad es distinta al resto
fuera de los reflectores de mundanidad
que nos aqueja hoy a toda hora
lejos de las mujeres con operados pechos
y aún más cerca de la humanidad
de esta certeza que vivo ahora.
Mi paupérrima poesía
es la forma en que puedo documentar
mi pecho y mi pensar
y es una gota de ambrosía.