y salir a caminar bajo una tenue lluvia,
escuchar los sonidos de la vida citadina
y oir el crujir del mundo que va cambiando
mientras ha mutado sus propios placeres
y predominan silicones y cabelleras rubias,
porque la estética griega ya no predomina
en estos tiempos de grandes cirujanos.
Disfruto tanto también en leer poesía,
aquella que me han dejado mis sabios,
dónde no existía jamás la censura
y puta era puta y el asesino un asesino
y en la que la fatalidad simplemente fluía
Y transcurría entre oídos y labios
sin siquiera limpiarse las comisuras.
Aún disfruto escribir,
ya no tengo muchas balas en mi pecho
pero es lo único que me hará morir
en calma aunque esté maltrecho.
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