mira a veinte zotehuelas frías
que enmarcan ropa recién lavada,
ya exprimida y sobre lazos colgada,
perros tristes ladrándole a la mala vida
y algunos gatos cínicos tomando el sol.
Desde ella
escucho música que no me gusta
por las intrínsecas mañanas
pero jamás entran las estrellas
quizás porque lo que me cura
sea mi mala y terrible calaña.
Algunas veces despertar
no es el logro recibido con una sonrisa
sino una biológica y religiosa necesidad
de sustentar el ser a la vida.
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