Es la hora en la que canturrea febril
aquella Muerte de manos finas
que siendo Mayo precisa Abril.
El cuerpo ya sin calor ni vida
espera indefenso a los deudos
y el beso de una Mujer prohibida;
descanso en un cielo con feudos.
Es la hora, y me miro al espejo
cuando refleja la sangre en mi gesto
la calamidad de los bares cerrados
y el mar que rememora a lo lejos;
mientras un Whisky me tiene dispuesto
al hallazgo de un albor lacerado.
El alma ya vacía y etiquetada
por los días, ha de ofertar caricias
y aureolas siempre manchadas
del despertar colmada de malicia.
Es la hora en que la carne
ha de temerle al temblor
que sucede en las nubes
en la víspera del viejo albor.
mayo 28, 2013
mayo 27, 2013
El desvalido
El desvalido tiene ambas piernas,
ambos ojos y ambos brazos,
tiene el oído puesto en caracolas,
la lengua lánguida y completa
y su nariz pesigue inquieta el rastro
de la tierra bañada por las olas.
Bebe, fuma, ocupa arpones
afilados en las coyunturas del ser,
inhala polvos mágicos y blancos
que juran recomponer corazones,
pinta, esculpe, escribe sin perecer
del todo en soledades y tapancos.
El desvalido como la Luna en lo alto
precisa la belleza del que la mira,
el sentimiento de aquel enajenado
que sin remedio ni adiós da un salto,
el pesar de un pecho que pronto expira
en el azul de su silencio enmarañado.
ambos ojos y ambos brazos,
tiene el oído puesto en caracolas,
la lengua lánguida y completa
y su nariz pesigue inquieta el rastro
de la tierra bañada por las olas.
Bebe, fuma, ocupa arpones
afilados en las coyunturas del ser,
inhala polvos mágicos y blancos
que juran recomponer corazones,
pinta, esculpe, escribe sin perecer
del todo en soledades y tapancos.
El desvalido como la Luna en lo alto
precisa la belleza del que la mira,
el sentimiento de aquel enajenado
que sin remedio ni adiós da un salto,
el pesar de un pecho que pronto expira
en el azul de su silencio enmarañado.
mayo 26, 2013
Con certeza puedo decir
"Algunas veces es conveniente quedarse sólo, desprendrese a mordidas de la propia sombra, decirle al dios y al diablo un "Chau, hasta la próxima"; enmarañarse de tajo a la locura a sabiendas de que uno no puede estar más loco. Algunas veces conviene hacer el viaje en el tren expresso que miente mientras promete un "nunca", ante la idea de un fatídico regreso. Algunas otras veces también, conviene el otrora enamorado del después..."
Gabriel Salinas.
Con certeza puedo decir
que la ausencia me ha tragado
con su manera hosca y sutil
para un perfecto bocado.
Apenas ayer pude gritar
mi nombre al viento enmarañado
del anonimato crepuscular
en el tanto yací amordazado.
Y poco de ello importa,
como poco ha de importar también
la cien que a la bala exhorta.
A menudo me he visto tentado
a enterrar este siniestro vicio
al albor de este cuerpo mutilado,
a menudo estas mismas ganas
me han visto tan fuera de quicio
que hubieron de sucumbir a la desgana.
Pero han venido de a poquito,
los besos que cada día se aproximan
más a esta letal y decadente boca,
han venido un par de caricias
mendigando plegarias muertas
de sentir el peso de mi roca.
Y con certeza puedo decir
que la soledad que me acorrala
no ha de ser más que el devenir
del ave que perdió sus alas.
En las penumbras del camino,
vislumbro siluetas que callan
futuro y enmascaran el destino
cuando de frente lo hayan.
Y es un chubasco de mentiras
el que ha de hacer presencia
cuando más irradia mi propia pira.
Pero aquí no existen Caín ni Abel
ni aquella perdida teología
ha de mostrar sus deidades en cinta,
aquí no existe la marca en la frente
del estigma rojizo de la sangre
envuelto entre versos y tinta.
Y en la mañana que precede
la noche y una febril muerte
el gallo canta y todo resplandece,
y entre las cruces y las flores
que aún perduran en mi vientre
asoma un manzano que reverdece.
Y con certeza puedo decir
que esta espalda erizada y de gato,
sigue a la espera de sobrevivir
entre tus pechos y mi alegato.
vislumbro siluetas que callan
futuro y enmascaran el destino
cuando de frente lo hayan.
Y es un chubasco de mentiras
el que ha de hacer presencia
cuando más irradia mi propia pira.
Pero aquí no existen Caín ni Abel
ni aquella perdida teología
ha de mostrar sus deidades en cinta,
aquí no existe la marca en la frente
del estigma rojizo de la sangre
envuelto entre versos y tinta.
Y en la mañana que precede
la noche y una febril muerte
el gallo canta y todo resplandece,
y entre las cruces y las flores
que aún perduran en mi vientre
asoma un manzano que reverdece.
Y con certeza puedo decir
que esta espalda erizada y de gato,
sigue a la espera de sobrevivir
entre tus pechos y mi alegato.
mayo 21, 2013
La voz de la tormenta
"A menudo comienzo a escribir con la luz apagada, mientras fumo y degusto mi fiel tabaco en la antesala de la ausencia que no hace más que llevarme a la sinrazón de ser yo mismo.Todo esto, recién servido el segundo trago y sentido el séptimo escozor en las entrañas que me sangran de tanto frotarse contra las paredes...y sin embargo algunas veces ante tal espectáculo, me siento decadente y sonrío..."
Gabriel Salinas.
La voz de la tormenta a lo lejos
resuena y en la cadera sostenida
por clavos, ha de doler un fragmento
incrustado de lo que fue mu reflejo
en aquellos días en que los pastizales
lucían las promesas del verde eterno.
En los espacios de silencio
que anteceden los eléctricos truenos,
yace una gota cristalina de lluvia
que tiembla ante la historia
del cobarde que nunca saltó
anclado a la letalidad del miedo.
Y mientras el todo muere
yo persisto en la tarea del arrabal
envuelto en letras y palmadas
en el hombro que nunca llegan,
bajo esta llovizna triste y salada
que el destino me comparte,
cuando escribo en soledad.
La voz de la tormenta a lo lejos...
-la escucho, la sé, la presiento.
Y mientras el todo muere
yo persisto en la tarea del arrabal
envuelto en letras y palmadas
en el hombro que nunca llegan,
bajo esta llovizna triste y salada
que el destino me comparte,
cuando escribo en soledad.
La voz de la tormenta a lo lejos...
-la escucho, la sé, la presiento.
mayo 19, 2013
Platos rotos
Ante el crujir de los platos estrellándose
contra las paredes que contienen
aún la gracia y la bondad de los ayeres,
me declaro el perdedor de esta batalla
sin mácula alguna de sangre seca
bordeando agrestemente un par
de mis ya tan laceradas costillas.
En la salvedad de las ventanas
no asoma siquiera del sol la nariz
ni en el hombro una palmada
esboza una palabra nunca dicha
a la luz vacilante de la bombilla
que me incita a escribir, embriagado
cuando más nada me queda.
Mi ensueño ante la fiel sombra
del manzano que prometió lealmente
un sueño ligero y lozano descanso,
se ha visto seducido por el ocre
de los días en los que debo ser más
que la ausencia que me ronda los pies
y la cabeza pensado en la certeza
del cañón de una mansa escopeta.
Tuve una vez la ilusión de un par
de pechos que desnudos, ilimitaran
la ansiedad que mi encrispada espalda
para ser de mi vida algo distinto
y no la precariedad del fondo
de un vaso que siempre tiende a más,
si elucubra pasados desde la caña:
tuve una vez el imperioso deseo de un dios
atendiera sin ficha el golpeteo del latido
rebosando mi suelo del carmín de la sangre
que me fluye huyendo del destino
en el que no he de encontrar levante.
Y no ha de quedarnos nada Mujer
más que la propia gracia del despertar
enraizados al origen que sonríe
y nos besa a sabiendas de la distancia
y de que todo es y será distinto.
Sabes bien que estoy bebiendo
y que entre trago y trago, una bocanada
de espeso humo emerge de mis fauces
y que mis ojos pardos pierden ante el reloj
el encanto y el tono que en el otrora
los llevaron a embaucar amores prohibidos
y silentes que nunca hicieron más,
que coronarte con estrellas puestas
sobre mi frente, al erradicar mis propios
demonios del misterioso llamado del mar.
Y de aquello que ha pasado ante la vida
una película bicolor y silente queda
mordiendo los reclamos y las tragedias
de las que nunca supe ser el héroe
dispuesto a salvarte, dispuesto a creer
en las bondades del diablo al regar
mi jardín de flores siempre malsanas.
Entre los platos rotos sin más camino
y de cuando en cuando me detengo
para oler el pétalo carmesí de una rosa
que logró sobrevivir al torrente sísmico
de los días en los que sin nada vuelvo
a beber el mismo ron en la misma copa,
queriendo conjugar en pretérito la sonrisa
que me embaucó en el tibio vaivén
que me llevó de tu boca a tu cadera.
No puedo ser aquel emancipador
de tus lágrimas cancerígenas
cuando no puedo siquiera
en sobriedad domar las mías.
Tengo metido en ambos pies
un centenar de astillas de porcelana
que aún desangran mi vaga teoría
que ha profezado que lo mejor vendrá
en la esperanza fútil del después,
a pesar de ser yo el pobre diablo
que te busca entre ajenas formas
que elucubran mi letra y mi mar.
contra las paredes que contienen
aún la gracia y la bondad de los ayeres,
me declaro el perdedor de esta batalla
sin mácula alguna de sangre seca
bordeando agrestemente un par
de mis ya tan laceradas costillas.
En la salvedad de las ventanas
no asoma siquiera del sol la nariz
ni en el hombro una palmada
esboza una palabra nunca dicha
a la luz vacilante de la bombilla
que me incita a escribir, embriagado
cuando más nada me queda.
Mi ensueño ante la fiel sombra
del manzano que prometió lealmente
un sueño ligero y lozano descanso,
se ha visto seducido por el ocre
de los días en los que debo ser más
que la ausencia que me ronda los pies
y la cabeza pensado en la certeza
del cañón de una mansa escopeta.
Tuve una vez la ilusión de un par
de pechos que desnudos, ilimitaran
la ansiedad que mi encrispada espalda
para ser de mi vida algo distinto
y no la precariedad del fondo
de un vaso que siempre tiende a más,
si elucubra pasados desde la caña:
tuve una vez el imperioso deseo de un dios
atendiera sin ficha el golpeteo del latido
rebosando mi suelo del carmín de la sangre
que me fluye huyendo del destino
en el que no he de encontrar levante.
Y no ha de quedarnos nada Mujer
más que la propia gracia del despertar
enraizados al origen que sonríe
y nos besa a sabiendas de la distancia
y de que todo es y será distinto.
Sabes bien que estoy bebiendo
y que entre trago y trago, una bocanada
de espeso humo emerge de mis fauces
y que mis ojos pardos pierden ante el reloj
el encanto y el tono que en el otrora
los llevaron a embaucar amores prohibidos
y silentes que nunca hicieron más,
que coronarte con estrellas puestas
sobre mi frente, al erradicar mis propios
demonios del misterioso llamado del mar.
Y de aquello que ha pasado ante la vida
una película bicolor y silente queda
mordiendo los reclamos y las tragedias
de las que nunca supe ser el héroe
dispuesto a salvarte, dispuesto a creer
en las bondades del diablo al regar
mi jardín de flores siempre malsanas.
Entre los platos rotos sin más camino
y de cuando en cuando me detengo
para oler el pétalo carmesí de una rosa
que logró sobrevivir al torrente sísmico
de los días en los que sin nada vuelvo
a beber el mismo ron en la misma copa,
queriendo conjugar en pretérito la sonrisa
que me embaucó en el tibio vaivén
que me llevó de tu boca a tu cadera.
No puedo ser aquel emancipador
de tus lágrimas cancerígenas
cuando no puedo siquiera
en sobriedad domar las mías.
Tengo metido en ambos pies
un centenar de astillas de porcelana
que aún desangran mi vaga teoría
que ha profezado que lo mejor vendrá
en la esperanza fútil del después,
a pesar de ser yo el pobre diablo
que te busca entre ajenas formas
que elucubran mi letra y mi mar.
Gris
Va y viene la luz, el gallo canta
enlutado siempre de amaneceres
y es la vida la que se decanta.
Morí hoy a las tres de la tarde
en medio de un sepelio ajeno,
el de un tipo cualquiera y cobarde.
Y va viene el todo después de ser nada
atravesando como espada la garganta,
y viene y va la nada después de preñada
por la necedad de crecer de las plantas.
Viví hoy ya entrado en madrugada
enajenado al sueño de la voz
de una chica que sin más me abrazaba.
Y en la pasividad de las opciones del ser
he de elegir el gris colmado de letras
que me invitan entre la belleza a perecer.
enlutado siempre de amaneceres
y es la vida la que se decanta.
Morí hoy a las tres de la tarde
en medio de un sepelio ajeno,
el de un tipo cualquiera y cobarde.
Y va viene el todo después de ser nada
atravesando como espada la garganta,
y viene y va la nada después de preñada
por la necedad de crecer de las plantas.
Viví hoy ya entrado en madrugada
enajenado al sueño de la voz
de una chica que sin más me abrazaba.
Y en la pasividad de las opciones del ser
he de elegir el gris colmado de letras
que me invitan entre la belleza a perecer.
De noche III
Me he sentado a platicar a lengua suelta con las hojas del manzano de aquellos ensueños míos ya pasados, le he tirado el anzuelo a la sombra de su copa para que descanse a mi lado un rato. Hace tiempo que dejé de ser el mismo, me la ha dicho el espejo en un tono grisáceo y cansino por tantos segundos acumulados en el espacio que tibiamente hubo de doblegarlos. Y todo en ello es tan cierto como la cola del demonio o sus narices atizando suavemente en sus propios adentros, ese fuego que tanto quema y bajo la cama nunca alumbra. Por supuesto que es mi locura la que anda parturienta después de tantos años en cinta. O será todo ese cúmulo de espuma blanca y cristalina que se aferró a las paredes de la ausencia buscando entre la cal y los residuos seminales una charla protagonizada por un mudo, un eco ensordecedor de voces animales, un extraño vacío que tuviera un domingo cualquiera en su buzón correspondencia. Por supuesto que es también el nudo ciego que somete mi garganta y la escasez de esas orgásmicas noches que las Putas más dulces promueven cuando de su propia saliva y desesperanza se atragantan. Y yo casado con la pretensión indivisible de las letras que no saben más que en el pecho buscar la propia y más dura verdad, con la firme convicción de creerme poeta por que alguien un día de lluvia y espesa neblina así lo dijo, sin saber siquiera que en mi delirio soy la nada recubriendo un cuerpo de plagado de humo y ceniza, un cuerpo recubriendo triste y soez amasijo, una costra desprendida de aquel dios invivible y lacerado que tanto sueña con un día de sol en el que las nubes no le pidan a las sombras volver. Se lo que duele la distancia arrebolando una pasión que jadea y grita y gime y hace alarde de aquel dolor que sólo sienten los que han nacido con el pecho en bancarrota y el palpitar deseoso bajo el vientre anacrónico y podrido. Se de aquella plusvalía que ahora mismo nada vale cuando aquella querencia entre el rodar de tanto vicio y tantas Lunas desgarbadas se ha visto tullida y a fuerza del más inclemente de los tiempos añejada.
mayo 12, 2013
Donde nunca es verano
Aquí es donde sólo yacen mis manos
entre paredes frías y encaladas,
es el lugar donde revolotean
las mariposas sin hallar verano,
es la espuma de la mar encallada
entre la muerte cubierta de brea.
Aquí es donde la gloria pierde fuerza
y se acurruca entre fieras malezas,
es el hostal que alberga bocas rotas
cuando la tiranía nos almuerza,
en el regurgitar de las proezas
concebidas en el tallo que brota.
Aquí es donde sólo yacen mis manos,
sin el palpìtar como el gris otrora
en que el cielo que parecía humano,
aquí mismo donde nunca es verano.
Aquí es donde un par de tristes gaviotas
alzan la vista y el vuelo hasta nunca,
hasta el sinvivir que luce enraizado
de una plegaria con sus tristes notas,
donde el cañón busca siempre la nuca
de un corazón que vive acorralado.
Aquí es donde la letanía canta
siempre una sonrisa triste y huraña,
donde es el sol el dios y gran ausente
de aquella malva pasan que me encanta,
donde sin temor recurro a la caña
para hacer estos demonios presentes.
cuando he de beberme este gris cinismo
que ha mitad de la noche se halla repleto.
entre paredes frías y encaladas,
es el lugar donde revolotean
las mariposas sin hallar verano,
es la espuma de la mar encallada
entre la muerte cubierta de brea.
Aquí es donde la gloria pierde fuerza
y se acurruca entre fieras malezas,
es el hostal que alberga bocas rotas
cuando la tiranía nos almuerza,
en el regurgitar de las proezas
concebidas en el tallo que brota.
Aquí es donde sólo yacen mis manos,
sin el palpìtar como el gris otrora
en que el cielo que parecía humano,
aquí mismo donde nunca es verano.
Aquí es donde un par de tristes gaviotas
alzan la vista y el vuelo hasta nunca,
hasta el sinvivir que luce enraizado
de una plegaria con sus tristes notas,
donde el cañón busca siempre la nuca
de un corazón que vive acorralado.
Aquí es donde la letanía canta
siempre una sonrisa triste y huraña,
donde es el sol el dios y gran ausente
de aquella malva pasan que me encanta,
donde sin temor recurro a la caña
para hacer estos demonios presentes.
Aquí es donde me da siempre lo mismo
esperarte o matarte por completo,cuando he de beberme este gris cinismo
que ha mitad de la noche se halla repleto.
mayo 04, 2013
Y entonces heme aquí
Y entonces heme aquí sin más deber
que el de la noche de tinta cargada,
que el de la letra sin razón de ser
pretendiendo paredes acolchadas.
Ya viene la Luna clara rondando
el candor del poeta ante la Musa,
el escozor que el alma va mermando
por creer sus propias ganas intrusas.
Y entonces heme aquí sin más deber
que el de hacerme el loco que calla y sufre,
que el de hacerme un cuerpo gris que mecer
colgado de un par de amarras de azufre.
Y entonces heme aquí sin más deber
que el de archivar la voz bajo candado,
que el de ser aquel que sin perecer
nació por el silencio doblegado.
Ya viene el canto matinal del gallo
anunciando de mis ojos el rojo,
la necedad del dormir cuando me hallo
prendido de la pasión en manojos.
que el de la noche de tinta cargada,
que el de la letra sin razón de ser
pretendiendo paredes acolchadas.
Ya viene la Luna clara rondando
el candor del poeta ante la Musa,
el escozor que el alma va mermando
por creer sus propias ganas intrusas.
Y entonces heme aquí sin más deber
que el de hacerme el loco que calla y sufre,
que el de hacerme un cuerpo gris que mecer
colgado de un par de amarras de azufre.
Y entonces heme aquí sin más deber
que el de archivar la voz bajo candado,
que el de ser aquel que sin perecer
nació por el silencio doblegado.
Ya viene el canto matinal del gallo
anunciando de mis ojos el rojo,
la necedad del dormir cuando me hallo
prendido de la pasión en manojos.
mayo 02, 2013
A manera de epitafio
A manera de epitafio esbozaré
las más precisa caligrafía alegando
lo que nunca en el jamás he dicho,
lo que nunca en el siempre he pensado,
a través de la futilidad de las horas
en que la muerte "te amo" me ha dicho.
La séptima de mis vidas se me escurre
lentamente entre el vaho de la boca
que transgrede la más mísera gloria
arrastrando del cuello una roca.
A manera de epitafio esbozaré
mi malva calavera sin máscara
y este tenue crujir de mis huesos,
una rapsodia y una antigua elegía
plagada de moscas y fieras larvas
que yacen donde otrora mis besos.
las más precisa caligrafía alegando
lo que nunca en el jamás he dicho,
lo que nunca en el siempre he pensado,
a través de la futilidad de las horas
en que la muerte "te amo" me ha dicho.
La séptima de mis vidas se me escurre
lentamente entre el vaho de la boca
que transgrede la más mísera gloria
arrastrando del cuello una roca.
A manera de epitafio esbozaré
mi malva calavera sin máscara
y este tenue crujir de mis huesos,
una rapsodia y una antigua elegía
plagada de moscas y fieras larvas
que yacen donde otrora mis besos.
abril 30, 2013
De mis manos
Mis manos han de ser siempre las mismas
que sin remedio tiene el asesino,
apretando por el cuello al destino
sin la piedad grisácea de sofismas.
Mis manos han de ser un cielo malvo
a mitad de la lluvia clandestina,
bajo el tejado que te tiene a salvo
coronada con pesares y espinas.
Mis manos han de ser sangre perdida,
el punto final de la guillotina,
la caricia que te ronda prohibida.
Mis manos han de ser collar de espinas,
un caliz de muerte que escurre vida,
una noche albergando golondrinas.
que sin remedio tiene el asesino,
apretando por el cuello al destino
sin la piedad grisácea de sofismas.
Mis manos han de ser un cielo malvo
a mitad de la lluvia clandestina,
bajo el tejado que te tiene a salvo
coronada con pesares y espinas.
Mis manos han de ser sangre perdida,
el punto final de la guillotina,
la caricia que te ronda prohibida.
Mis manos han de ser collar de espinas,
un caliz de muerte que escurre vida,
una noche albergando golondrinas.
Retazos XV
CXLI
Lo que se del amor
lo aprendí de las aves
que nunca aprendieron
a rezarle a la noche un salve.
Lo que se de la vida
lo aprendí a bofetones
cargados de papel y tinta
que no admitían perdones.
Lo que se de la nada
lo aprendí de las copas
y las ganas en metralla
rebuscando bajo tus ropas.
CXLII
De aquellas cosas
que siempre quise
perduran las rosas,
y en el pecho los quistes.
Nada de la alegría
me esboza mayor sonrisa
que el roce de la melancolía.
CXLIII
Pudiera hablarte de la vida,
de la mía, de lo que soy,
de tantas causas perdidas
en las que ya no estoy.
Pudiera hacerte el amor,
besarte donde nunca,
hacerte sentir el desamor
que la sonrisa trunca.
Y sin embargo sabes bien
que jamás nada te haré,
si de noche me pega en la sien
una quimera entrando a mi harem.
CXLIV
Vienes, como oscura costumbre
a regar con tus soles mis flores
entre soledades y muchedumbres,
entre un arco iris de grises colores.
CXLV
Qué dios me perdone si te falto,
si en mi loca carrera doy un salto
hacia las sombras en desencanto.
Qué el diablo me vomite del averno,
si en mi vicio te arrastro al gobierno
en el que en soledades febril canto.
Qué la mortalidad me arrastre,
entre las copas al tenue desastre
si en mi vivir te muestro el espanto.
CXLVI
Quiero un cielo sin mis muertos,
un arrebol en las montañas,
una utopía sin latidos tuertos,
una Mujer con malas mañas.
Quiero una eternidad en mi trago
sin el adjunto temor a los estragos,
una cadena que no ajuste al cuello
la correa que detiene lo bello.
Quiero un pan y dos peces
que el hambre entretengan,
el llamado de la ola sin reveces
que la furia del mar contenga.
Quiero del humo las figurillas
que elucubran lo que se ha ido,
las volutas que bailan distantes
mientras el todo se ha perdido.
Quiero entre noche y noche
un respaldo para el pecho,
una caricia, un mísero derroche
en el que sonría deshecho.
CXLVII
Puedes rondar mis aceras,
el filo incivil de mi vaso,
mis estertores, mis quimeras,
la caligrafía de mis trazos.
Mi ser sin ser, mis abrazos,
mis labios rotos, mis culpas,
mi ron, mis peores pecados,
mis amores concibiendo una dupla.
Mis letras tristemente clandestinas,
mi razón divorciada del corazón,
mi pasión a mitad de un baño de tina,
mis quimeras comiendo de mí una ración.
Mi letargo entre espesas sombras,
mi tambaleo, mi guitarra y sus notas,
el verso que constante te nombra,
el gusano que muere bajo mis botas.
Puedes rondar mi vacío,
mi carencia besando la ausencia
y sin embargo ha de ser el rocío
en tu pecho el que busca mi presencia.
CXLVIII
Y sin embargo te presentas
a pesar de tanto luto, tan cierta
y tan oportuna, como la rosa
que esboza una belleza aparatosa
sobre la tumba cargada de sal
en la que yazco, sin siquiera el mar.
CXLIX
La esbelta sombra del ciprés
besa despacio el barro y el suelo
mientras su pico en eterno verde
elucubra glorias más allá del cielo.
CL
Me conformo con ser un espectador
a estas horas y en estos lares,
por donde pasa lanzando besos
la Muerte y cerrando los bares.
La vida es dura y el mundo aciago,
y sin embargo habemos quienes reímos
mientras lloramos, quienes vivimos
la locura entre los hielos de un trago.
Me conformo con ser un espectador
envuelto en el humo y en la paz del licor.
Lo que se del amor
lo aprendí de las aves
que nunca aprendieron
a rezarle a la noche un salve.
Lo que se de la vida
lo aprendí a bofetones
cargados de papel y tinta
que no admitían perdones.
Lo que se de la nada
lo aprendí de las copas
y las ganas en metralla
rebuscando bajo tus ropas.
CXLII
De aquellas cosas
que siempre quise
perduran las rosas,
y en el pecho los quistes.
Nada de la alegría
me esboza mayor sonrisa
que el roce de la melancolía.
CXLIII
Pudiera hablarte de la vida,
de la mía, de lo que soy,
de tantas causas perdidas
en las que ya no estoy.
Pudiera hacerte el amor,
besarte donde nunca,
hacerte sentir el desamor
que la sonrisa trunca.
Y sin embargo sabes bien
que jamás nada te haré,
si de noche me pega en la sien
una quimera entrando a mi harem.
CXLIV
Vienes, como oscura costumbre
a regar con tus soles mis flores
entre soledades y muchedumbres,
entre un arco iris de grises colores.
CXLV
Qué dios me perdone si te falto,
si en mi loca carrera doy un salto
hacia las sombras en desencanto.
Qué el diablo me vomite del averno,
si en mi vicio te arrastro al gobierno
en el que en soledades febril canto.
Qué la mortalidad me arrastre,
entre las copas al tenue desastre
si en mi vivir te muestro el espanto.
CXLVI
Quiero un cielo sin mis muertos,
un arrebol en las montañas,
una utopía sin latidos tuertos,
una Mujer con malas mañas.
Quiero una eternidad en mi trago
sin el adjunto temor a los estragos,
una cadena que no ajuste al cuello
la correa que detiene lo bello.
Quiero un pan y dos peces
que el hambre entretengan,
el llamado de la ola sin reveces
que la furia del mar contenga.
Quiero del humo las figurillas
que elucubran lo que se ha ido,
las volutas que bailan distantes
mientras el todo se ha perdido.
Quiero entre noche y noche
un respaldo para el pecho,
una caricia, un mísero derroche
en el que sonría deshecho.
CXLVII
Puedes rondar mis aceras,
el filo incivil de mi vaso,
mis estertores, mis quimeras,
la caligrafía de mis trazos.
Mi ser sin ser, mis abrazos,
mis labios rotos, mis culpas,
mi ron, mis peores pecados,
mis amores concibiendo una dupla.
Mis letras tristemente clandestinas,
mi razón divorciada del corazón,
mi pasión a mitad de un baño de tina,
mis quimeras comiendo de mí una ración.
Mi letargo entre espesas sombras,
mi tambaleo, mi guitarra y sus notas,
el verso que constante te nombra,
el gusano que muere bajo mis botas.
Puedes rondar mi vacío,
mi carencia besando la ausencia
y sin embargo ha de ser el rocío
en tu pecho el que busca mi presencia.
CXLVIII
Y sin embargo te presentas
a pesar de tanto luto, tan cierta
y tan oportuna, como la rosa
que esboza una belleza aparatosa
sobre la tumba cargada de sal
en la que yazco, sin siquiera el mar.
CXLIX
La esbelta sombra del ciprés
besa despacio el barro y el suelo
mientras su pico en eterno verde
elucubra glorias más allá del cielo.
CL
Me conformo con ser un espectador
a estas horas y en estos lares,
por donde pasa lanzando besos
la Muerte y cerrando los bares.
La vida es dura y el mundo aciago,
y sin embargo habemos quienes reímos
mientras lloramos, quienes vivimos
la locura entre los hielos de un trago.
Me conformo con ser un espectador
envuelto en el humo y en la paz del licor.
abril 28, 2013
Respiro, es verdad
Hoy viene a ser
como la cuarta vez
que espero,
he vuelto a ser
aquel cantar del aguacero,
que hizo casi legal
su abrazo en tu cintura..."
Silvio Rodriguez.
Respiro, es verdad,
de la hondonada del caos
del trago y su beldad,
bapuleado por los días
que eyaculando noches
rememoran la cofradía.
¡Y qué magníficas las horas
en que desnudo bailaba con versos
indivisibles e insolutos!
Me supiste siempre el gato
que te erizaba la espalda
entre latires y garabatos,
me supiste siempre caricia
que no supo bajo tu falda
dibujar tenues corazones,
ni enajenar la feroz primicia
del diablo en tus azores.
¡Y las paredes blancas
y las pastillas controladas
actuando cual redención
de estas ganas mías aladas!
Te supe innata a los bares
que sirven el pecho en salmuera,
desde el más cínico instante
en el que borracho blasfemé:
un "qué sea lo que dios quiera".
Y dios no quiso nunca nada
contigo por saberte ensueño
de una alumbrada hondonada,
en la que feliz era el sueño
más cruel que conduce a la nada.
He de contarte esta noche
a mitad de embriaguez y derroche,
que irremediablemente te espero
y al mismo tiempo desespero.
Muérete
Muérete en silencio
alejada en un rincón.
Entre las alas del destierro,
en la avenida de la muerte,
en tu recato prudente,
entre tus ganas de fierro.
Muérete despacio
y en silencio,
alejada de dios y del diablo
en terrible un rincón.
Brillando entre la niebla
de una noche cualquiera,
bailando en la inocencia
un compás de quimeras.
Muérete en los albores
del estruendo y en silencio,
preñada de palabras
en las paredes del rincón.
Cabalgando los desiertos
del mayor desacierto,
emancipada del deber
que maguya tus pechos.
Muérete en la noche
y en su silencio gris,
bajo la lágrima en derroche,
pero, muérete amor, de mí,
alejada en un rincón.
Entre las alas del destierro,
en la avenida de la muerte,
en tu recato prudente,
entre tus ganas de fierro.
Muérete despacio
y en silencio,
alejada de dios y del diablo
en terrible un rincón.
Brillando entre la niebla
de una noche cualquiera,
bailando en la inocencia
un compás de quimeras.
Muérete en los albores
del estruendo y en silencio,
preñada de palabras
en las paredes del rincón.
Cabalgando los desiertos
del mayor desacierto,
emancipada del deber
que maguya tus pechos.
Muérete en la noche
y en su silencio gris,
bajo la lágrima en derroche,
pero, muérete amor, de mí,
abril 23, 2013
Retazos XIV
CXXXI
¡Qué putas! -me digo ahogado en los silencios
entrecortados en los que uno no es ni sabe
si saldrá del todo avante como las aves.
Y ella sonríe y acomoda en mi pecho
su busto a manera de etéreo detalle.
¿Qué putas? -me pregunta sin decoro
en el albor de la locura de su abrazo
que rebusca el ser maniatado entre mis trazos.
No es nada -le digo mientras enajenado
me acurruco cual perdiz en sus brazos.
CXXXII
Los cuartos de hotel se abarrotan
de amantes que saben de la noche
los labios y su empalagosa carestía.
Y en algún lugar del mundo
el poeta escribe y no fornica
la vida por sentirse moribundo.
CXXXIII
El demonio es dios,
el dios es demonio,
lo sé por que a menudo
mi trago pretende el amonio
y el amonio entre los tragos,
pretende dejar mi verso mudo.
El demonio es dios,
el dios es demonio,
y la vida se me va
como aquel unicornio
cansado en la niebla
de tanto pastar.
CXXXIV
Camino a la hondonada
sigo percibiendo los momios
de las carreras de caballos,
el número esperado
en los cartones del bingo
siendo de la suerte un vasallo.
Ojalá las Musas se sortearan
semanalmente en la lotería,
ojalá sólo quedara el recuerdo
de tus labios al medio día.
CXXXV
Poco me queda,
quizás nada,
lo sé, lo sabes
a estas horas
solitarias y paganas.
Y al pie de la noche
espero sin más
con los ojos abiertos,
que los cuervos
vengan cayendo en parvada.
CXXXVI
Los dedos amarillentos
y el cenicero vomitando
decenas de colillas.
Al pie de la escalera
el mismo tipo grisáceo
en la Luna me refleja
un cigarrillo fumando.
Soy yo, me digo cansado
inmerso entre volutas de humo.
Ese mismo soy yo,
me digo cargando
en los pulmones el luto.
CXXXVII
Así que aquí estoy
y sin pensarlo
bebo un trago.
Las avenidas también
sufren y lloran cuando
por ellas a solas voy.
Así que aquí estoy,
y tan sólo pienso en ti
cuando te bebo despacio.
CXXXVIII
Desde la acera de enfrente
se asoman los pechos
de una Mujer que claramente
otrora fue hombre
y ahora tiene precio.
No soy el único jodido
-pienso y levemente sonrío-.
CXXXIX
Al cabo de los años,
el espejo no es el mismo
ni los surcos en el rostro
denotan con certeza los daños.
El vodka y las pastillas
siempre te hicieron ver mayor
y temo decirlo,
nunca hicieron tu belleza menor.
Pero el espejo no es el mismo,
mientras imagino en tu sonrisa
el más encantador de tus cinismos.
CXL
Cansado, ciertamente
clamo por el pecho
que nunca se detiene,
por las convulsiones
que adolecen mis ganas
empedernidas siempre,
de copas y alboradas
que tanto mal te hacen
mientras mi propio
destino cruelmente
entre tumbos se deshace.
Cansado, ciertamente
algunas noche tu nombre les digo
a las aves que pretenden mis ojos,
y otras tantas sin más me maldigo
ya cerrada la puerta con cerrojo
a las luces que me irradian levemente.
Cansado, ciertamente
la noche fiera me devora
mientras eres y serás siempre,
una razón de sal encantadora,
una sesión de besos indecentes,
un constante palpitar bajo el vientre.
¡Qué putas! -me digo ahogado en los silencios
entrecortados en los que uno no es ni sabe
si saldrá del todo avante como las aves.
Y ella sonríe y acomoda en mi pecho
su busto a manera de etéreo detalle.
¿Qué putas? -me pregunta sin decoro
en el albor de la locura de su abrazo
que rebusca el ser maniatado entre mis trazos.
No es nada -le digo mientras enajenado
me acurruco cual perdiz en sus brazos.
CXXXII
Los cuartos de hotel se abarrotan
de amantes que saben de la noche
los labios y su empalagosa carestía.
Y en algún lugar del mundo
el poeta escribe y no fornica
la vida por sentirse moribundo.
CXXXIII
El demonio es dios,
el dios es demonio,
lo sé por que a menudo
mi trago pretende el amonio
y el amonio entre los tragos,
pretende dejar mi verso mudo.
El demonio es dios,
el dios es demonio,
y la vida se me va
como aquel unicornio
cansado en la niebla
de tanto pastar.
CXXXIV
Camino a la hondonada
sigo percibiendo los momios
de las carreras de caballos,
el número esperado
en los cartones del bingo
siendo de la suerte un vasallo.
Ojalá las Musas se sortearan
semanalmente en la lotería,
ojalá sólo quedara el recuerdo
de tus labios al medio día.
CXXXV
Poco me queda,
quizás nada,
lo sé, lo sabes
a estas horas
solitarias y paganas.
Y al pie de la noche
espero sin más
con los ojos abiertos,
que los cuervos
vengan cayendo en parvada.
CXXXVI
Los dedos amarillentos
y el cenicero vomitando
decenas de colillas.
Al pie de la escalera
el mismo tipo grisáceo
en la Luna me refleja
un cigarrillo fumando.
Soy yo, me digo cansado
inmerso entre volutas de humo.
Ese mismo soy yo,
me digo cargando
en los pulmones el luto.
CXXXVII
Así que aquí estoy
y sin pensarlo
bebo un trago.
Las avenidas también
sufren y lloran cuando
por ellas a solas voy.
Así que aquí estoy,
y tan sólo pienso en ti
cuando te bebo despacio.
CXXXVIII
Desde la acera de enfrente
se asoman los pechos
de una Mujer que claramente
otrora fue hombre
y ahora tiene precio.
No soy el único jodido
-pienso y levemente sonrío-.
CXXXIX
Al cabo de los años,
el espejo no es el mismo
ni los surcos en el rostro
denotan con certeza los daños.
El vodka y las pastillas
siempre te hicieron ver mayor
y temo decirlo,
nunca hicieron tu belleza menor.
Pero el espejo no es el mismo,
mientras imagino en tu sonrisa
el más encantador de tus cinismos.
CXL
Cansado, ciertamente
clamo por el pecho
que nunca se detiene,
por las convulsiones
que adolecen mis ganas
empedernidas siempre,
de copas y alboradas
que tanto mal te hacen
mientras mi propio
destino cruelmente
entre tumbos se deshace.
Cansado, ciertamente
algunas noche tu nombre les digo
a las aves que pretenden mis ojos,
y otras tantas sin más me maldigo
ya cerrada la puerta con cerrojo
a las luces que me irradian levemente.
Cansado, ciertamente
la noche fiera me devora
mientras eres y serás siempre,
una razón de sal encantadora,
una sesión de besos indecentes,
un constante palpitar bajo el vientre.
abril 21, 2013
No han de mentir
Mis bolsillos, según la tendencia
irremediablemente van a la baja,
mi poesía, ésta tan mía y tan honesta,
precise una supuesta alza de la que nadie
rumora ni dice nada,
a mitad de la segunda ronda de copas
en la que el mundo se me deshace.
No han de mentir las estadísticas
ni los mercados internacionales,
ni el capital con su sombra mística
que devora la luz de los arrabales.
Mi pecho, cada vez más viejo
esboza un suspiro maquillado
de estertor y voluntades últimas,
en las que pretende perderse
por siempre entre las fauces del lobo,
cuando la plata acuñe mis ojos,
para no mirar el pasado moverse
sobre los lagos manchados de reflejos.
No han de mentir, los doctores
de bata blanca con negros diagnósticos,
ni la enfermera de largas piernas
que augura Muerte en mi pronóstico.
Mis manos, ya cansadas del la vida
a costa de los vicios desdentados
y podridos en medio de la locura,
dibujan signos a manera de palabras
en las que a mitad de terribles noches
buscan fieras el silencio y la cura
que no demerite el abracadabra.
No han de mentir los adentros
que sulfuran paz y mediodía,
sobre la belicosidad de los picos
en los que busco una fiel cofradía.
irremediablemente van a la baja,
mi poesía, ésta tan mía y tan honesta,
precise una supuesta alza de la que nadie
rumora ni dice nada,
a mitad de la segunda ronda de copas
en la que el mundo se me deshace.
No han de mentir las estadísticas
ni los mercados internacionales,
ni el capital con su sombra mística
que devora la luz de los arrabales.
Mi pecho, cada vez más viejo
esboza un suspiro maquillado
de estertor y voluntades últimas,
en las que pretende perderse
por siempre entre las fauces del lobo,
cuando la plata acuñe mis ojos,
para no mirar el pasado moverse
sobre los lagos manchados de reflejos.
No han de mentir, los doctores
de bata blanca con negros diagnósticos,
ni la enfermera de largas piernas
que augura Muerte en mi pronóstico.
Mis manos, ya cansadas del la vida
a costa de los vicios desdentados
y podridos en medio de la locura,
dibujan signos a manera de palabras
en las que a mitad de terribles noches
buscan fieras el silencio y la cura
que no demerite el abracadabra.
No han de mentir los adentros
que sulfuran paz y mediodía,
sobre la belicosidad de los picos
en los que busco una fiel cofradía.
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