Realmente estoy cansado, mi estómago no me ayuda, ni mi mente ni mi cuerpo y mucho menos esta mente, que al mostrarse desnuda, se creyó indestructible por pensar que el arte lo tarde o temprano me haría perenne. ¿Arte? Ahora me pregunto. Solo he escrito poemas, cuentos y relatos breves que jamás he publicado, y eso no puede llamarse arte, sigo siendo un adolescente de cuarenta años jugando a ser un literato idealista que solo ha encontrado la ebriedad y el tabaquismo al tratar de crear de forma independiente. Y aunque es un hecho que la letra ha sido suplantada por el ritmo, sigo leyendo a mis sabios y me he vuelto a mis raíces, he tratado de hablar con dios y hoy más que nunca he sido claro conmigo mismo; respetaré mi idealismo y mi corazón hasta la muerte, puesto que el hombre que no defiende su sentir y su pensar, no merece siquiera la volatilidad de la suerte y con ello me refiero a que alguna vez el bien le gane al mal.
Realmente estoy cansado, me han hecho mucho daño acciones y personas nefastas que han tenido cierto poder, me han apagado, me han maniatado desde mi propio ser y me han orillado a hablar con dios. Dios me malmira o me ve de reojo y jamás contesta; puedo entender que dios es rencoroso y ante mi voz lanza una tromba y se amagenta. Dios tiene recuerdos igual que yo, por ello comprendo la tormenta. Dios no es malo, solo tiene malos ratos,
yo también los he tenido y los tengo,
pero Dios es eterno y yo no,
el idealismo y el amor me han salvado.
Dios quizás piense lo contrario,
pero allá él,
pues el tiene su idealismo y su razón.
Fumo ahora mismo y bebo un trago,
busco el ahora y no el después
y sigo siendo coherente a mi corazón,
a mí sentir y no he pensado en la razón,
he escrito varios poemas con los pies
y he sido acorde a un poeta sin pago.
No hay comentarios:
Publicar un comentario