noviembre 14, 2013
La opacidad de las ventanas de los trenes
muestra más sombríos los túneles poblados
por fantasmas entre los que se mezcla la gente,
entre los que deambulan sin rumbo el silencio
con epicentro en las entrañas y el tibio vaho
que emerge para darle un baño de tina a la muerte.
Y todos somos, eternos viajantes, fugaces pasos,
viejecillas que duermen la siesta mientras el mundo
gira y gira, híbridos y sedientos dromedarios
cabalgados por un moribundo que la vida estira
para mirar las sombrías ventanas de los trenes.
Yo soy de los que miran la nada en las ventanas
o de aquellos que ante ellas los ojos cierran
esperando bajo los párpados, el rojo de la luz
en la que mis fantasmas callan y se gobiernan,
soy de los que se miran reflejados en la cruz
transparente del cristal por el que asoma la febril
oscuridad que me carcome las manos de un bocado
y me deja en la boca tu nombre, tu beso, tu abrazo
la desesperanza en que descansa de noche
este despojo del alma, colgada en un atril.
La opacidad de las ventanas de los trenes
muestra más sombríos los túneles poblados
por esta súbita querencia, en la que me tienes.
noviembre 13, 2013
Ahora que no te tengo ni me tienes
y olvidar todos los bares, toda materia
indivisible que no germine en el sueño
que a pedazos cayó entre las fauces
de un presente etiquetado cual terrible.
Habrá de hacerme tanto bien como daño
entrelazar mis pasiones con la ausencia
que me da de beber, su antídoto en otro pecho
y dilapidar lo poco que me queda y tengo
anclado a un pedestal, metido en estas luces
en las que a ciegas trazo un camino derecho.
Ahora que no te tengo ni me tienes
la cama kilométrica que compartimos
adjunta un par de infiernos adyacentes
en el que a diario y sin más morimos.
Hay demasiada gente
que se conforma con una esperanza
basada en una copa de vino
o en un mendrugo de pan.
Hay demasiada gente
encendiendo cada noche
los televisores, demasiada
gente tratando a quemarropa
de olvidar sus propios horrores.
Hay demasiada gente
esperando del cielo una razón
que les cambie su suerte;
y habemos
algunos idiotas que esperamos
que nos encienda un cigarrillo
la mano blanquecina de la muerte.
Pero he de insistir, en aquello
de que existe demasiada gente.
Mi poema número seiscientos doce
ahora, tristemente yace en la basura
junto al empaque de mis cigarrillos
que oculta una botella parda y vacía
extinta en mi boca en un reciente otrora.
Tan mal están los tiempos que mi poema
mañana a primera hora será reciclado
y se hará de él una bonita caja corrugada,
una bolsa de cumpleaños, la pasta
de un cuaderno o una simple hoja exiliada
de esta manía de mis artesanas manos.
Mi poema número seiscientos doce
ahora, felizmente me olvida y sonríe
inmune a mi letra y a mis malas horas.
noviembre 12, 2013
Manifiesto
en que las sombras buscan asilo,
mis grietas crujen ante las brasas
de una esperanza tenue que oscila
entre los labios, bajo la lengua y la voz
de mis manos en la que el todo arrasa
a pesar del nácar de la luna y de su hoz.
Manifiesto mi cantar en la carencia
que asemeja tanta mano en los bolsillos,
en las aves que del sur nunca volvieron,
en la muerte que me acerca un cigarrillo,
en la querencia conjugada entre el ser
y el candor de la carne que me vence
a media luz, a la espera del levante.
En la nocturnidad que llevo a cuestas
sobrevienen sueños en ámbar y mortecinos,
hordas de reptiles hambrientos, señales
de vida monitoreadas en este pecho cansino,
vicios anclados a quimeras que lucen radiantes,
amaneceres desnudos, profundas soledades
cuando profeso el desayuno, fieras verdades
a la luz de tus ojos, de tu boca certera y quemante.
Y así,
mi vida,
en tu pecho
cual tunante.
noviembre 11, 2013
Ahí mismo estás
en mis feligreses sin credo,
en mis letras arcanas,
en mi demencia,
en mis viajes al Erebo,
en mis ganas,
en mi notoria necesidad
de sentirte del todo mía
sin sabernos la propia mar,
en este amor de cofradías
palpitando la carne,
los huesos,
evaporando la sangre.
Ahí mismo estás...
noviembre 10, 2013
Retazos XVII
CLXI
Me ahorraré la zozobra. El argumento
de las pardas sombras que están conmigo,
no es más que una parada en el bar
de la esquina, donde es la ausencia
una luz de neón que me invita a mirar
en tus ojos que no todo esta perdido.
CLXII
Bien sabías, que después de calzar
mis zapatos al despertar, encendía
un cigarrillo y me entregaba a la luz
del día. Sabías también que no era nadie
cuando escribía, cuando trabajaba,
cuando vivía o cuando a solas bebía.
Bien sabías que no podía ser
de otra forma; sabías de este pecho
y de estas manos que nunca callan,
de la nocturnidad con que la muerte
me espera para abrazarla deshecho.
Bien sabías, que después de todo
terminaría haciendo mis maletas
tan repletas de hollín y espeso lodo.
CLXIII
En la cofradía de la falta de luz
de los bares que me saben a ron
he buscado rostros desconocidos,
poetas escarchados, el calmo color
de aquel azul que esperan los vencidos,
un beso, una lengua tan sicaria del ratón
que prefiere las entrañas a los versos,
a dios, al extraviado mes de abril,
las canciones que esta voz ha cantado
y en toda esta maraña, te encontré a ti.
CLXIV
Aquí es donde yacen los cuerpos
que no supieron jamás el paradero
de su cabeza, donde los tiempos
se estancan ensoñando un recuerdo
en el tristísimo sepia de la belleza;
aquí es, donde todo resulta un giro
mientras cae sigilosa la moneda
y la nada me mira cuando la miro.
CLXV
Hablando como el idiota que por noches
enteras te confió de la utopía de hallar
después de tantas lunas, un certero verso
en el que pudieras tus manos descansar,
regresó al lecho donde el todo es tempestad
y miradas a filo de machete; triste regreso
a hablar como el idiota que por las noches
trato de hacerte el bien y te hizo tanto daño,
como el poeta que dejó de ser el hombre
de tu vida para vestirse de grises antaños.
Te quiero, te quise, no lo se.
Y en los rincones de la voz que apaga
sin rencores las velas y cierra la puerta,
asoma un mar que reclama mi cuerpo
y los suspiros de esta nada cierta
devorada por la terrible plaga del tiempo;
las horas también reclaman, las dagas,
las conjeturas concebidas, el alejamiento
de aquello sabido como el verdor de la vida.
Hoy, en esta noche en que carezco de metralla
para acusar mi destestable escrutinio de penas
y desdichas al destino cruel que me estalla
dejando soledades y glaciares en la cena,
vengo a hablar como el idiota con las maletas
en la mano, como el idiota no cesó de cantar
mientras dormías ajena a mi pasión mas secreta,
distante de la letra que te embadurnó de mi mar.
Te quiero, te quise, no lo se.
noviembre 09, 2013
En mis bolsillos VI
Pasa la luna y calla, a la distancia y
divisando sinuosos dorados y verdes,
asoma un sol que estalla su silencio
y en su candor vienes siempre.
II
Descubrimos en los pasajes
secretos del albor en añoranza
una sonrisa que no lleva equipaje,
un silencio cargado de franqueza
y aquella misma mesa del mismo bar
que no llegaremos a ninguna parte;
no sé, tal vez, al vaivén de la mar.
Nos descubrimos los dos.
III
A menudo todo este embrollo
en el que nos atamos de pies
y manos resulta ser, consecuencia
inequívoca de la propia imposibilidad
del ser, de la inclemente presencia
de la duda, del temeroso "tal vez".
¡Qué deliciosa y qué anclada entonces
en el hombre es la idea de perecer!
IV
Soy de aquellos que guardan lugar
en la lista de espera de la desesperanza,
de los que mudos prefieren cantar
por el sueño en el que dios descansa,
soy de aquellos guardan luto por la vida
brindando en compañía de la muerte,
de los que apuestan bajo su propia suerte
ante las cartas de las pasiones prohibidas.
Soy de aquellos
que a pesar de las penumbras
y de los años, se enciende el pecho
con la flor de un cigarro,
para verte a lo lejos reir
sin hacerte daño.
V
Ya es la una veintitrés y mi talante
me predestina que no llegaré a las tres.
Entre la cuarta y quinta copa de ron
blanco de siempre, con la humareda
del tabaco, con las ganas bien metidas
bajo el vientre y con esta piel erizada
nombrando un amor inombrable,
tambaleo por la escalera encalada
de un blanco tan feroz como amable.
Ya es la una treinta y dos y soy cobarde
cuando a lo lejos las tres ya me arden.
noviembre 07, 2013
La locura de sentirse vivo
viene siendo la fiel compañía
de penosos cielos arrastrando
desgarbadas nubes, de tragos
a medias luces, de alquitranadas
bocanadas de aire y de feroces
deseos entre oscuros azules.
Sin embargo algunas veces sonrío
como estúpido al pie de la escalera
en la que de noche cobijo mis vicios
y escribo; aún me basta una estrella
en las manos, una mirada, un te quiero
enmarañado a la locura de sentirse vivo.
Pero debo dormir,
dejar de fumar, de beber,
de hacerme el estúpido
que pretende escribir
una elegía cuando la oda
de tus ojos me brindan el día.
Por tus labios y por la mar
por los estigmas en la frente y por las manos,
por la sangre a cuentagotas, por la rima,
por los codos en la mesa, por la fatalidad
de la ausencia que a diario y sin más me cargo,
por la derrota, por la humareda en la mente,
por esta pasión adscrita al "sin embargo".
Por dios, por el demonio que es mi hermano,
por la búsqueda sin sabuesos, por tanta noche
que al filo de la mañana encuentra mis ojos rojos,
por la patria hallada en el derroche, por un verso,
por los callejones en los que no encuentro cerrojo,
por la espalda erizada ante un rocío gris y arcano
que mantiene mi letra entre albores tersos.
Por esta mansa dependencia del acuse de recibo,
por mis espesas ganas, por la burda contrariedad
de no tenerte de una vez por todas en mi cama,
por la fatalidad de no tenerte cuando escribo.
Ha de quedarme intacta una sonrisa a media luz
cargada de sarcasmo, la ebriedad si me embauco
entre el atril de la cruz y una parvada de fieros orgasmos
en lo imposible de tus adentros, en la miel de tu claustro
y nada más, en la que brindo por tus labios y por la mar.
noviembre 06, 2013
El parlotear de los obtusos árboles
se mecen y concuerdan en su charla
de verdes con la frialdad de otoñales vientos,
se desnuda ante mí y del todo la ausencia
y la manía de pensarte en la precariedad
de estos tiempos, de esta manía de mis manos,
de la necesidad de este beso rondando tu cuerpo.
Y miro a quemarropa mi luna despostillada,
sus astillas de nácar inundando el suelo
ante mi paso, la eternidad aún no descifrada
en la que pueda hallarte en mis fervientes peroratas
que pretenden, hallarte en esta tibia locura
caminando una noche cualquiera de mi brazo
y no escuche el parlotear de los obtusos
árboles, para besar con mis labios tu frente.
noviembre 05, 2013
De certezas y fantasmas
de humo y un par de navajas en la garganta,
de tanto trago esperanzado a la palabra
que en este huerto debo plantar más flores.
En esta eterna locura de noches perdidas
me empeciné en el esquema de una gloria
inalcanzable, en la vaguedad de un ser
que sin ser ansiaba lugar entre tus piernas
y el día en que me deportaran de la escoria
subterránea, para ser mi pecho lugar habitable.
Hoy que me muero de ganas, respiro
la noche y su bálsamo y la noche me sabe
al beso color grana, a la clandestinidad
en la que me refugio y al tenue suspiro
en el que tengo tu cintura entre la vaguedad
del recuerdo cual fantasma rondando mi cama.
Bajo este cielo
de fuegos y lenguas que se arrebatan
el agua y de ellas a caso una gota beben,
resplandece un cementerio adoquinado
donde los huesos sin más se abrazan
en un resquicio donde el sol no es suficiente.
Sé que no vendrás y sin embargo,
te espero al pie de la encalada escalera
bebiendo un trago y encendiendo un cigarrillo,
cuando el demonio no me importa
y entre el espesor de la letra y la tinta negra
descubro una estrella blanquecina en mis bolsillos.
noviembre 04, 2013
También los pecados sangran
un lecho grisáceo que pretenden de tus ojos la luz
que ha de quemarme el pecho esperando la aurora,
la multiplicidad del moho en mis panes y la libertad
azul de los peces que por la boca mueren, el siempre
que termina amordazado por el nunca y la fatalidad
de una caricia de sol y tierno oleaje que jamás te toca.
Yo, que a menudo me abandono por que sólo así
me quito la corteza y brillo, soy el guardián de los detalles
que ensalsan mi tenue brasa de los tiempos imposibles,
en los que no puedo morir abrazado al candor de tu talle
ni arrojarme del todo, a la felinidad de ser certero contigo.
También los pecados sangran el carmesí
de la aurora, cuando no duermo y la cálida
aureola del recuerdo te palpita de noche
inmersa entre estas ganas que te atesoran.
noviembre 03, 2013
Noche estrellada
de este diablo que a deshoras sonríe
me acurruco deshecho, me envuelvo
gris en la humareda terrible del tabaco
para copular con ella, para creerme
cuando nada soy una estela indivisible
de alquitrán y de este cáncer perenne.
Y también pienso en ti,
cuando no tengo más
que mirar a solas las estrellas.
noviembre 01, 2013
Sólo vine a decir
de nada vale el fuego si me hace compañía.
Sólo vine a decir, esta noche de sinrazones
que en mi más terrible y absurda precariedad
se esboza un franco "te quiero", sin ese afán
de despertar de tu sueño el sol que dispones
con tu risa, ni mis demonios más letales y fieros.
Suena el llamado de este vuelo a ninguna parte
y estoy soñoliento, triste y embriagado;
debo dormir a la espera de saberme naufragado
cuando la dicha del siguiente día se reparte.