Se me empiezan
a secar las manos,
durante la noche
y antes del amanecer
me arrulla el sueño
del que duerme
por totalmente carecer
de algo que decir.
Pero es este pecho errante
quien a sobresaltos despierta
entre veranos y penumbras,
para buscar a tientas levante
y en el rincón más incivil,
la llama que la vida alumbra.
mayo 17, 2012
Este pecho errante
mayo 14, 2012
La belleza del que espera a la Muerte
La ciudad es siempre un ramo de rosas
rojas y en su mayoría marchitas,
es un rosedal con la piel escamosa
que de noche ante el frío tirita.
Algunas veces, las baña el rocío
después de una espera larga y silente,
y otras veces les refulge el vacío,
la belleza del que espera a la Muerte.
Y mientras tanto, silva el tren expresso
una tonada hermosa que revienta
la soledad con su carga de excesos
en busca de beldades magentas.
rojas y en su mayoría marchitas,
es un rosedal con la piel escamosa
que de noche ante el frío tirita.
Algunas veces, las baña el rocío
después de una espera larga y silente,
y otras veces les refulge el vacío,
la belleza del que espera a la Muerte.
Y mientras tanto, silva el tren expresso
una tonada hermosa que revienta
la soledad con su carga de excesos
en busca de beldades magentas.
mayo 12, 2012
Las manos en los bolsillos
Las manos en los bolsillos,
el tabaco entre los labios
y en el cielo, casi amarilla,
una Luna cierta y radiante.
Un perro yace deshecho
desde hace unos días:
miles de autos encima,
miles de moscas arremolinan
su carne, sin perdón ni sofisma
mientras le miro y pienso
en todos los fieles perros
que morirán en las avenidas.
Las manos en los bolsillos,
la misma punzada en el pecho
y en el cielo, tornada ya en blanco,
una Luna cierta y radiante.
La rubia que mide dos metros
sigue ofertando su cuerpo,
luce su escote de miles de pesos
mientras esconde en las bragas
un cruento palpitar de sangre
que acumulada la delata;
pienso en la rudeza de la vida
cuando no es más que carne
sobre un cuerpo exhibida.
Las manos en los bolsillos,
esta jaula llamada sombra
y en mi vaso ahora reflejada
una Luna cierta y radiante.
Y en mi cuaderno, siempre verde,
siguen regurgitando malos versos
donde mi caligrafía se hace presente,
donde mi pecho lanza besos
al aire que pronto caen y perecen,
como el perro, como la puta,
como las manos en los bolsillos
que esperan una cierta y radiante Luna
que se convierta en panes y peces.
Las manos en los bolsillos
me dictan que siga siendo el mismo,
el mismo soñador de siempre.
el tabaco entre los labios
y en el cielo, casi amarilla,
una Luna cierta y radiante.
Un perro yace deshecho
desde hace unos días:
miles de autos encima,
miles de moscas arremolinan
su carne, sin perdón ni sofisma
mientras le miro y pienso
en todos los fieles perros
que morirán en las avenidas.
Las manos en los bolsillos,
la misma punzada en el pecho
y en el cielo, tornada ya en blanco,
una Luna cierta y radiante.
La rubia que mide dos metros
sigue ofertando su cuerpo,
luce su escote de miles de pesos
mientras esconde en las bragas
un cruento palpitar de sangre
que acumulada la delata;
pienso en la rudeza de la vida
cuando no es más que carne
sobre un cuerpo exhibida.
Las manos en los bolsillos,
esta jaula llamada sombra
y en mi vaso ahora reflejada
una Luna cierta y radiante.
Y en mi cuaderno, siempre verde,
siguen regurgitando malos versos
donde mi caligrafía se hace presente,
donde mi pecho lanza besos
al aire que pronto caen y perecen,
como el perro, como la puta,
como las manos en los bolsillos
que esperan una cierta y radiante Luna
que se convierta en panes y peces.
Las manos en los bolsillos
me dictan que siga siendo el mismo,
el mismo soñador de siempre.
mayo 10, 2012
A mis cuatro lectores
Esta es la enésima vez que al pie de los estragos, pienso seriamente cerrar el blog; no sé si al cabo pueda, no sé si tenga el valor para hacerlo, puesto que sería como degradar una forma que ha salido de las sombras y se ha alojado en mí, sería negar mi pecho cantante y mis manos que de noche tiemblan por la pluma cuando me siento a la hoguera de un trago a mirar frente al espejo cómo es que naufrago. Pero así mismo soy, y he adoptado la forma del gato por silencioso, por que siempre he de escribir a impropias horas mientras mi mundo duerme sin saber siquiera lo que del pecho a mis manos refulge y sin más esta carne siente.
Sabrán si me han leído que estoy cansado, que entre el pulgar y el índice cabe un mundo mucho más demacrado, que revisto las sombras entre lo inmundo de los bolsillos, que me devoran las ansias y me carcome la corbata que me he puesto esperando un mejor futuro, que son mis letras siempre las mismas a la espera de una mirada jamás indispuesta, que el corazón es la razón que dejo como migajas por sí alguna vez, el camino pierdo y no recuerdo si es del norte o es del sur de donde vengo. Sabrán si me han leído, que entre el "no puedo más" y la renuncia, hay un abismo total, un limbo con cañas y elixires de ron que me embaucan y me impiden, no lo se a ciencia cierta, si adentrarme en el mar, o tirar esa toalla que luce blanca y siempre al perdedor dispuesta; pero hay allá afuera una Luna cobijada por un millón de estrellas, y eso mismo es lo que más me pesa.
Mi Mujer ya duerme, mi hijo, en la espesa inocencia que lo inunda, respira y sueña tranquilo sin tener siquiera en mente lo que pesa al despertar el levante; yo, como inveterada costumbre bebo para sentir el alma en los huesos, para pensar en aquellas tardes cinceladas en las que no importaba la aurora sin una guitarra y un cantar embriagado de chicas que se derretían, si es que mentía, a cerca de mi cualidad de poeta. Pero en esos tiempos no lo era y en estos tiempos tampoco lo soy, puesto que ha de ganarme la ebriedad para conseguir el valor de decir quien realmente soy; y a mis escasos veinte seis, es verdad, no soy nada.
Un borracho, un inclemente cual reloj de los tiempos, un desgañitado cantante que no ha de tener voz, un poetastro atroz que no halla el verso sino situado junto al punto más vil del contemporáneo sentimiento. Eso mismo soy, una veleta sin mayores vientos que los que mi cabeza han despeinado y por lo tanto he vivido, un esperpento de la letra, un arrebato triste y desencajado, un ente dispuesto a no correr la paz si es que el todo es la guerra, un cobarde que encuentra luz y ha de cerrar los ojos, para no ver el trasfondo de su alma convertida en rastrojos.
Esta es la enésima vez que marcho sin marcharme siquiera, esta es la milésima espera y esta es la noche en que mis labios esperan un beso cualquiera...
Sabrán si me han leído que estoy cansado, que entre el pulgar y el índice cabe un mundo mucho más demacrado, que revisto las sombras entre lo inmundo de los bolsillos, que me devoran las ansias y me carcome la corbata que me he puesto esperando un mejor futuro, que son mis letras siempre las mismas a la espera de una mirada jamás indispuesta, que el corazón es la razón que dejo como migajas por sí alguna vez, el camino pierdo y no recuerdo si es del norte o es del sur de donde vengo. Sabrán si me han leído, que entre el "no puedo más" y la renuncia, hay un abismo total, un limbo con cañas y elixires de ron que me embaucan y me impiden, no lo se a ciencia cierta, si adentrarme en el mar, o tirar esa toalla que luce blanca y siempre al perdedor dispuesta; pero hay allá afuera una Luna cobijada por un millón de estrellas, y eso mismo es lo que más me pesa.
Mi Mujer ya duerme, mi hijo, en la espesa inocencia que lo inunda, respira y sueña tranquilo sin tener siquiera en mente lo que pesa al despertar el levante; yo, como inveterada costumbre bebo para sentir el alma en los huesos, para pensar en aquellas tardes cinceladas en las que no importaba la aurora sin una guitarra y un cantar embriagado de chicas que se derretían, si es que mentía, a cerca de mi cualidad de poeta. Pero en esos tiempos no lo era y en estos tiempos tampoco lo soy, puesto que ha de ganarme la ebriedad para conseguir el valor de decir quien realmente soy; y a mis escasos veinte seis, es verdad, no soy nada.
Un borracho, un inclemente cual reloj de los tiempos, un desgañitado cantante que no ha de tener voz, un poetastro atroz que no halla el verso sino situado junto al punto más vil del contemporáneo sentimiento. Eso mismo soy, una veleta sin mayores vientos que los que mi cabeza han despeinado y por lo tanto he vivido, un esperpento de la letra, un arrebato triste y desencajado, un ente dispuesto a no correr la paz si es que el todo es la guerra, un cobarde que encuentra luz y ha de cerrar los ojos, para no ver el trasfondo de su alma convertida en rastrojos.
Esta es la enésima vez que marcho sin marcharme siquiera, esta es la milésima espera y esta es la noche en que mis labios esperan un beso cualquiera...
mayo 09, 2012
Me preocupa
No te creas, también me preocupa
el endiablado calentamiento global,
la trata de personas, las afligidas putas,
la fragilidad de nacer vilmente mortal,
la severa cantidad de manos extendidas,
el crimen, la corrupción sin castigo,
los cipreses cuando el cielo no alcanzan,
la lengua amputada de los testigos,
la constante devaluación de la moneda,
la caridad, la inocencia perdida.
El hambre, la espiritualidad cual vacío,
la inclemencia autómata de los relojes,
los milagros sin panes ni peces,
las distancias marcadas sin flores,
el barro acumulado en los zapatos,
los temblores, las embolsadas manos,
las cabezas a mitad de la acera,
los gatos maullando en los tejados,
las mariposas cual gusanos sin seda,
el diablo frente a dios en alegato.
Aunque quizás más me preocupe
ser el único imbécil que de paseo
ha de sacar al corazón con correa,
siempre de noche, entre tinta negra
y blancos papeles, entre las sombras
que tanto vienen a darme fiera pelea
cuando creen ya ganada la guerra.
el endiablado calentamiento global,
la trata de personas, las afligidas putas,
la fragilidad de nacer vilmente mortal,
la severa cantidad de manos extendidas,
el crimen, la corrupción sin castigo,
los cipreses cuando el cielo no alcanzan,
la lengua amputada de los testigos,
la constante devaluación de la moneda,
la caridad, la inocencia perdida.
El hambre, la espiritualidad cual vacío,
la inclemencia autómata de los relojes,
los milagros sin panes ni peces,
las distancias marcadas sin flores,
el barro acumulado en los zapatos,
los temblores, las embolsadas manos,
las cabezas a mitad de la acera,
los gatos maullando en los tejados,
las mariposas cual gusanos sin seda,
el diablo frente a dios en alegato.
Aunque quizás más me preocupe
ser el único imbécil que de paseo
ha de sacar al corazón con correa,
siempre de noche, entre tinta negra
y blancos papeles, entre las sombras
que tanto vienen a darme fiera pelea
cuando creen ya ganada la guerra.
mayo 08, 2012
Ciertas noches
Ciertas noches me reclama la boca
el no ser ese tren que transite
a media marcha los tibios rieles
que conducen a tu espalda erizada.
Otras tantas, con el alma encalada
me apetece más la desesperanza
que recae sobre el santo sin fieles,
en las horas en las que el gallo canta.
Y no serán las gotas en la ventana,
las aves muertas sobre el pavimento,
las ganas a medio copular con la desgana,
aquel rincón donde se ahoga el sentimiento,
el esperado trago, el cáncer y el tabaco
que se posa en la sed que acontece
ciertas noches de penumbra en mis labios
solamente, las que mi pecho adolece.
Ciertas noches me reclama la boca
el resquicio incivil de tu cuerpo
para atarme al cuello la roca,
que me sumerja en tus muslos abyectos.
el no ser ese tren que transite
a media marcha los tibios rieles
que conducen a tu espalda erizada.
Otras tantas, con el alma encalada
me apetece más la desesperanza
que recae sobre el santo sin fieles,
en las horas en las que el gallo canta.
Y no serán las gotas en la ventana,
las aves muertas sobre el pavimento,
las ganas a medio copular con la desgana,
aquel rincón donde se ahoga el sentimiento,
el esperado trago, el cáncer y el tabaco
que se posa en la sed que acontece
ciertas noches de penumbra en mis labios
solamente, las que mi pecho adolece.
Ciertas noches me reclama la boca
el resquicio incivil de tu cuerpo
para atarme al cuello la roca,
que me sumerja en tus muslos abyectos.
mayo 03, 2012
Ahora mismo y aquí reflejado
Ahora mismo y aquí reflejado,
entre las olas carmesí lamiendo
el estertor de un latir añejado
y las ganas que no he ido teniendo,
en los bolsillos busco un corazón
que poco sepa de toda razón.
Ya me he cansado de este tren sin rumbo,
de la noche anidando en la mirada
en la que crezco y luego me derrumbo,
sintiendo en la garganta mil espadas
sin siquiera un circo que me descubra
cuando mi mano y mi pecho elucubran.
Y es cierto también que al andar jodido,
como ahora mismo, he de andar bebiendo
y malviviendo entre amores perdidos
que resisten al gerundio "muriendo",
cuando las rosas vueltas gris ceniza
habrán de darle a mi verso la tiza
Ahora mismo y aquí reflejado,
una renuncia se aferra a mis manos
y a mi vicio por demás enlutado,
una renuncia sin tono inhumano
que pretende la grandeza de día
y un amanecer sin melancolía
entre las olas carmesí lamiendo
el estertor de un latir añejado
y las ganas que no he ido teniendo,
en los bolsillos busco un corazón
que poco sepa de toda razón.
Ya me he cansado de este tren sin rumbo,
de la noche anidando en la mirada
en la que crezco y luego me derrumbo,
sintiendo en la garganta mil espadas
sin siquiera un circo que me descubra
cuando mi mano y mi pecho elucubran.
Y es cierto también que al andar jodido,
como ahora mismo, he de andar bebiendo
y malviviendo entre amores perdidos
que resisten al gerundio "muriendo",
cuando las rosas vueltas gris ceniza
habrán de darle a mi verso la tiza
Ahora mismo y aquí reflejado,
una renuncia se aferra a mis manos
y a mi vicio por demás enlutado,
una renuncia sin tono inhumano
que pretende la grandeza de día
y un amanecer sin melancolía
mayo 02, 2012
De madrugada
Es la hora en que la gente
acostumbra de lleno dormir,
tirarse un clavado al mundo
de los muertos que despiertan
temprano dispuestos a vivir.
Yo bebo un trago de ganas
de gloria y pompas fúnebres,
fumo un cigarro a medias luces
mientras el humo distante se eleva
sorteando el cáncer y las cruces.
Pero soy yo y no el mundo
quien para el reloj y se detiene,
para mirar el rocío de las flores
antes de llegar la mañana
con su eterna realidad inclemente.
acostumbra de lleno dormir,
tirarse un clavado al mundo
de los muertos que despiertan
temprano dispuestos a vivir.
Yo bebo un trago de ganas
de gloria y pompas fúnebres,
fumo un cigarro a medias luces
mientras el humo distante se eleva
sorteando el cáncer y las cruces.
Pero soy yo y no el mundo
quien para el reloj y se detiene,
para mirar el rocío de las flores
antes de llegar la mañana
con su eterna realidad inclemente.
abril 30, 2012
Que de mi puño elucubren quimeras
Que los relojes detengan su marcha,
que de los años no valgan los daños,
que la ciudad se nos llene de escarcha
una vez por semana,
cada cuatro peldaños.
Que el mundo entero se parta en pedazos,
que el continente se quede sin gente,
que las montañas reciban abrazos
en cada escopetazo,
de un cañón inclemente.
Que la mentira se vuelva algo cierto,
que la lengua a los mimos les crezca,
que las flores no sean para el muerto
que mira boquiabierto
el día en que amanezca.
Que las pasiones adviertan veneno,
que de los vicios no sea yo el primero,
que de virtudes no esté siempre ajeno
sumergido en el cieno
de un cruel atolladero.
Que el vendaval no arrastre la ceniza,
que la llovizna refresque los pechos,
que nunca el sol vuelva la piel cobriza
cuando el alma caliza,
anda del dicho al hecho.
Que la desdicha se apriete entre copas,
que Soledad no se haga compañía,
que sea yo quien te quite la ropa
con mis letras cual tropa,
enraizando elegías.
Que sea la risa la clave de todo,
que el arlequín se muestre en el espejo,
que Notre Dame muestre sus cuasimodos
esperando electrodos
en su espeso entrecejo.
Que del amor no haya más que caricias,
que de la "V" se borre la venganza,
que de los cielos caigan las delicias
sin afán de codicia,
ni de fiera acechanza.
Que las señoritas hallen poetas,
que los poetas no hallen señoritas,
que la vida no se valga de tretas
ni ánimas en probetas,
rezando entre mezquitas.
Que de las manos no se escape el alma,
que el corazón no se arranque los pelos,
que cada trago me traiga la calma
sin mulatas ni palmas,
ni vientos de escarpelos.
Que nunca acaben los versos sentidos,
que de mi puño elucubren quimeras,
que ante la vida me llamen perdido
si borracho y tendido
suelto un amor cualquiera..
que de los años no valgan los daños,
que la ciudad se nos llene de escarcha
una vez por semana,
cada cuatro peldaños.
Que el mundo entero se parta en pedazos,
que el continente se quede sin gente,
que las montañas reciban abrazos
en cada escopetazo,
de un cañón inclemente.
Que la mentira se vuelva algo cierto,
que la lengua a los mimos les crezca,
que las flores no sean para el muerto
que mira boquiabierto
el día en que amanezca.
Que las pasiones adviertan veneno,
que de los vicios no sea yo el primero,
que de virtudes no esté siempre ajeno
sumergido en el cieno
de un cruel atolladero.
Que el vendaval no arrastre la ceniza,
que la llovizna refresque los pechos,
que nunca el sol vuelva la piel cobriza
cuando el alma caliza,
anda del dicho al hecho.
Que la desdicha se apriete entre copas,
que Soledad no se haga compañía,
que sea yo quien te quite la ropa
con mis letras cual tropa,
enraizando elegías.
Que sea la risa la clave de todo,
que el arlequín se muestre en el espejo,
que Notre Dame muestre sus cuasimodos
esperando electrodos
en su espeso entrecejo.
Que del amor no haya más que caricias,
que de la "V" se borre la venganza,
que de los cielos caigan las delicias
sin afán de codicia,
ni de fiera acechanza.
Que las señoritas hallen poetas,
que los poetas no hallen señoritas,
que la vida no se valga de tretas
ni ánimas en probetas,
rezando entre mezquitas.
Que de las manos no se escape el alma,
que el corazón no se arranque los pelos,
que cada trago me traiga la calma
sin mulatas ni palmas,
ni vientos de escarpelos.
Que nunca acaben los versos sentidos,
que de mi puño elucubren quimeras,
que ante la vida me llamen perdido
si borracho y tendido
suelto un amor cualquiera..
abril 26, 2012
Entre el índice y el pulgar
Y todo es una gran piedra,
una de dimensiones titánicas,
un ovoide que gira o rueda
cuesta abajo cumbres Adánicas,
quizás de proporciones bíblicas
embargando el pecho a mitad
de la noche y este latir obsceno
de un corazón antropoide.
Entre el índice y el pulgar
de la diestra -y tan siniestra- mano
cabe un corazón torpe y malsano,
dos pulsaciones queriendo copular
con la Luna y un estertor
al recibir de lleno la piedra
que Sísifo por la eternidad cargó,
sin concebirla como guerra.
una de dimensiones titánicas,
un ovoide que gira o rueda
cuesta abajo cumbres Adánicas,
quizás de proporciones bíblicas
embargando el pecho a mitad
de la noche y este latir obsceno
de un corazón antropoide.
Entre el índice y el pulgar
de la diestra -y tan siniestra- mano
cabe un corazón torpe y malsano,
dos pulsaciones queriendo copular
con la Luna y un estertor
al recibir de lleno la piedra
que Sísifo por la eternidad cargó,
sin concebirla como guerra.
abril 24, 2012
El malo es uno
Algunas veces, el malo es uno;
otras tantas, la luz del alba
recién llegada la mañana
no halla la paz en ninguno.
Sólo te pido que me quieras
cuando nadie más sabría hacerlo,
cuando borracho de noche ande
buscando a tientas mis quimeras.
otras tantas, la luz del alba
recién llegada la mañana
no halla la paz en ninguno.
Sólo te pido que me quieras
cuando nadie más sabría hacerlo,
cuando borracho de noche ande
buscando a tientas mis quimeras.
A una estrella del norte
A la mitad de la botella
me detengo, tomo un respiro
y abro la ventana
para que se meta una estrella;
y es una estrella de grandes ojos
y el pecho lleno de escarlata,
un lucero del lejano norte,
la que se cuela con sus arrojos.
me detengo, tomo un respiro
y abro la ventana
para que se meta una estrella;
y es una estrella de grandes ojos
y el pecho lleno de escarlata,
un lucero del lejano norte,
la que se cuela con sus arrojos.
abril 21, 2012
Por lo que brindo
Por los gritos carmesí en la garganta atravesados,
por la lluvia en la cara, por las flores marchitas,
por las grietas de un cielo cada vez más gastado,
por la fe sin milagros; por la luz, si eremita
sucumbe ante del resplandor de una estrella mas bella,
por la Mujer que llora, por los labios partidos
de ausencia y tanto frío,por los pasos sin huella,
por este tiempo nuestro, por su latir herido.
Por las formas humeantes, por los demonios mansos
que a mi ventana vienen de traje nacarado,
por el eterno vaivén que no ofrece descanso,
por las ganas mezquinas, por mi pecho encalado,
por la voz que no es mía y lo que siento dice,
por enero siendo abril, por la brisa maldita
cristalizada en versos que lágrimas predicen,
por que aquí estoy sentado, sin rezos ni mezquita.
Por mi guitarra otrora devorando el silencio,
por mis dedos cansinos, por mi pecho revuelto,
por mi talante cruento que conoce el desprecio,
por la muerte que arrastra mi palpitar disuelto;
por la mañana triste que abalanza sus muertos
uno a uno, diezmados y anhelando la vida,
por la noche estrellada, por el fruto del huerto
que vibra con su grana tan leal y desmedida.
Por la emoción del tal vez, por el camino incierto,
por las Majas de Goya, por la más bella y mía
que me esperó despierta, con mi barca en su puerto
para copular letras y fiel melancolía;
por mis abyectos vicios, por mi culpa escarlata,
por este encarnizado debate entre el neceser
que busca a toda costa, beber la densa nata
voraz e incomprendida de la levedad del ser.
Por el alba sin gloria, por la eterna bombilla
que encendida sulfura pesares y doctrinas,
por el traje de día, por la Luna amarilla
dando pie al estigma de las sales marinas,
por el peso que pierdo cuando ya sin corbata,
recibo el soplo carnal sin el menor aliento
y la ausencia mezclada con esa fe de erratas,
tan rebuscada al decir, lo que en ebriedad siento.
por la lluvia en la cara, por las flores marchitas,
por las grietas de un cielo cada vez más gastado,
por la fe sin milagros; por la luz, si eremita
sucumbe ante del resplandor de una estrella mas bella,
por la Mujer que llora, por los labios partidos
de ausencia y tanto frío,por los pasos sin huella,
por este tiempo nuestro, por su latir herido.
Por las formas humeantes, por los demonios mansos
que a mi ventana vienen de traje nacarado,
por el eterno vaivén que no ofrece descanso,
por las ganas mezquinas, por mi pecho encalado,
por la voz que no es mía y lo que siento dice,
por enero siendo abril, por la brisa maldita
cristalizada en versos que lágrimas predicen,
por que aquí estoy sentado, sin rezos ni mezquita.
Por mi guitarra otrora devorando el silencio,
por mis dedos cansinos, por mi pecho revuelto,
por mi talante cruento que conoce el desprecio,
por la muerte que arrastra mi palpitar disuelto;
por la mañana triste que abalanza sus muertos
uno a uno, diezmados y anhelando la vida,
por la noche estrellada, por el fruto del huerto
que vibra con su grana tan leal y desmedida.
Por la emoción del tal vez, por el camino incierto,
por las Majas de Goya, por la más bella y mía
que me esperó despierta, con mi barca en su puerto
para copular letras y fiel melancolía;
por mis abyectos vicios, por mi culpa escarlata,
por este encarnizado debate entre el neceser
que busca a toda costa, beber la densa nata
voraz e incomprendida de la levedad del ser.
Por el alba sin gloria, por la eterna bombilla
que encendida sulfura pesares y doctrinas,
por el traje de día, por la Luna amarilla
dando pie al estigma de las sales marinas,
por el peso que pierdo cuando ya sin corbata,
recibo el soplo carnal sin el menor aliento
y la ausencia mezclada con esa fe de erratas,
tan rebuscada al decir, lo que en ebriedad siento.
abril 10, 2012
A un editor
El trato es el siguiente:
toma mis letras y mis trazos,
despréndeme a cuchillo el alma
y véndeme como retazos.
toma mis letras y mis trazos,
despréndeme a cuchillo el alma
y véndeme como retazos.
abril 06, 2012
La mayoría de las veces
La mayoría de las veces, extraño
y taciturno, vuelvo la mirada
a la espesura del cielo y la nada,
ahí donde el vivir resulta castaño.
Firmo renuncias a diestra y siniestra,
sin el valor de entregarlas siquiera
las resguardo bajo un cajón cualquiera,
ante una luz que apenas las demuestra.
Por que cobarde soy, nunca lo niego
a pesar de mi sacra diplomacia,
de mis letras y su parda desgracia,
por no saber jugar su propio juego.
Y sin embargo canto letanías
cargadas de otoños y vendavales.
sujetas a aventuras de chavales
buscando ahogar sus propias agonías.
Me desajusto pronto la corbata,
llego a casa, triste y empedernido
a resanar los huecos tan prendidos
a la lucidez de una blanca bata.
Y si es que voy o sin remedio vengo,
he de hallar a pesar del pavimento
al corazón, sin más aditamento
que la verdad ausente de abolengo.
Pero mis horas serán iguales a las tuyas,
cuando me piensas ahogado en un vaso
con su Cuba libre y sus mansos trazos.
hullendo del pensar y sus patrullas.
Soy bien lo se, un borracho triste y malvo,
un escritor nocturno y acabado
que bebe siendo vicio inmaculado,
por crearse así un despertar a salvo.
y taciturno, vuelvo la mirada
a la espesura del cielo y la nada,
ahí donde el vivir resulta castaño.
Firmo renuncias a diestra y siniestra,
sin el valor de entregarlas siquiera
las resguardo bajo un cajón cualquiera,
ante una luz que apenas las demuestra.
Por que cobarde soy, nunca lo niego
a pesar de mi sacra diplomacia,
de mis letras y su parda desgracia,
por no saber jugar su propio juego.
Y sin embargo canto letanías
cargadas de otoños y vendavales.
sujetas a aventuras de chavales
buscando ahogar sus propias agonías.
Me desajusto pronto la corbata,
llego a casa, triste y empedernido
a resanar los huecos tan prendidos
a la lucidez de una blanca bata.
Y si es que voy o sin remedio vengo,
he de hallar a pesar del pavimento
al corazón, sin más aditamento
que la verdad ausente de abolengo.
Pero mis horas serán iguales a las tuyas,
cuando me piensas ahogado en un vaso
con su Cuba libre y sus mansos trazos.
hullendo del pensar y sus patrullas.
Soy bien lo se, un borracho triste y malvo,
un escritor nocturno y acabado
que bebe siendo vicio inmaculado,
por crearse así un despertar a salvo.
marzo 30, 2012
Muy a mi pesar
Algunas veces, cuando errada la noche
llega y el frío bajo mi puerta se adentra
hasta elucubrar de lleno en los huesos,
ha de asomarse esta voz tan mía y desierta.
Y traigo los bolsillos repletos de verso
taciturno y por el tiempo enmohecido,
en la corbata la negación de lo que aspiro
cuando he de renegar de este pasado vivido.
Mis manos, que siempre serán las mismas
no conocen la mentira y sí el desencanto,
y sin embargo, lucen fieles la una a la otra
ante este vaivén tan sujeto al espanto.
Por que cada vez que voy
me cuesta más el regreso,
si es que en sobriedad estoy
buscando por doquier progreso.
Hubo una anciana que me dijo
una tarde cualquiera, que el vago
en morirse sin remedio piensa,
cuando se mira a través de un trago.
Y bien es cierto, ahora que lo pienso
entre el humo del tabaco que se ocupa
de llenar la nada de figuras grisáceas
y que después buscan ofrecer disculpas.
Pues he desperdiciado el potencial
que alguna vez me dijeron que tuve,
mis ojos ante el aguacero torrencial
y la luz que justo al nacer obtuve.
Algunas veces soy, muy a mi pesar, poeta,
uno de esos que bebe y de noche escribe
a la estrella más lejana por ser menos clara
y entre la aurora más fría se desvive.
llega y el frío bajo mi puerta se adentra
hasta elucubrar de lleno en los huesos,
ha de asomarse esta voz tan mía y desierta.
Y traigo los bolsillos repletos de verso
taciturno y por el tiempo enmohecido,
en la corbata la negación de lo que aspiro
cuando he de renegar de este pasado vivido.
Mis manos, que siempre serán las mismas
no conocen la mentira y sí el desencanto,
y sin embargo, lucen fieles la una a la otra
ante este vaivén tan sujeto al espanto.
Por que cada vez que voy
me cuesta más el regreso,
si es que en sobriedad estoy
buscando por doquier progreso.
Hubo una anciana que me dijo
una tarde cualquiera, que el vago
en morirse sin remedio piensa,
cuando se mira a través de un trago.
Y bien es cierto, ahora que lo pienso
entre el humo del tabaco que se ocupa
de llenar la nada de figuras grisáceas
y que después buscan ofrecer disculpas.
Pues he desperdiciado el potencial
que alguna vez me dijeron que tuve,
mis ojos ante el aguacero torrencial
y la luz que justo al nacer obtuve.
Algunas veces soy, muy a mi pesar, poeta,
uno de esos que bebe y de noche escribe
a la estrella más lejana por ser menos clara
y entre la aurora más fría se desvive.
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