Algunas veces, cuando errada la noche
llega y el frío bajo mi puerta se adentra
hasta elucubrar de lleno en los huesos,
ha de asomarse esta voz tan mía y desierta.
Y traigo los bolsillos repletos de verso
taciturno y por el tiempo enmohecido,
en la corbata la negación de lo que aspiro
cuando he de renegar de este pasado vivido.
Mis manos, que siempre serán las mismas
no conocen la mentira y sí el desencanto,
y sin embargo, lucen fieles la una a la otra
ante este vaivén tan sujeto al espanto.
Por que cada vez que voy
me cuesta más el regreso,
si es que en sobriedad estoy
buscando por doquier progreso.
Hubo una anciana que me dijo
una tarde cualquiera, que el vago
en morirse sin remedio piensa,
cuando se mira a través de un trago.
Y bien es cierto, ahora que lo pienso
entre el humo del tabaco que se ocupa
de llenar la nada de figuras grisáceas
y que después buscan ofrecer disculpas.
Pues he desperdiciado el potencial
que alguna vez me dijeron que tuve,
mis ojos ante el aguacero torrencial
y la luz que justo al nacer obtuve.
Algunas veces soy, muy a mi pesar, poeta,
uno de esos que bebe y de noche escribe
a la estrella más lejana por ser menos clara
y entre la aurora más fría se desvive.
marzo 30, 2012
marzo 19, 2012
María te llamas
Has encalado las paredes,
los ojos puestos en lo alto
sin saber siquiera lo bajo
de lo que atrapan mis redes.
Pintas tonalidades ocres,
algunas veces rojas
otras incoloras y crueles
donde no habrán ventanas
ni verdes cipreses.
Y siendo el latir del pecho
el que a toda cuesta late,
vendran los demonios
a mirar los hechos deshechos
cuando el corazón se debate.
¿Y qué díficil es vivir la vida
sin la chispa que enardece
el alma que vive desvivida?
Habrás de pintar un manso gato
con los bigotes desiertos,
un manantial inveterado
con tus ojos bien abiertos
y eso no ha de significar nada,
sino un extraño espejismo a lo lejos
de sangre estancanda bajo el vientre
que tanta hambre tiene de espejos
esperando el eterno "para siempre".
Y no has de dejar la sonrisa
tras los espasmos de la levedad
de ese terrible y magnánimo ser,
tan apegado a la mismísima ausencia
que como equipaje es menester
de esa carencia que causa placer.
Por que conoces los soles de un mayo
cualquiera con amores y rechazo,
los grillos cantando en la ventana
mientras tu boca pinta una sonata.
a media luz de luna en sus rayos.
Y sin embargo María te llamas,
como la virgen del mundo católico,
como tanta Mujer que el frío resiente
atada a un colinialismo insurgente
de pasados crueles e inclementes,
donde el pecho vuelto tibia flama
sobrevive con acento bucólico.
Pero el lienzo es más que la vida,
es un horario sin reloj ni segundero
y tus ojos son más que las letras
que escribes a media noche perdidas
al llegar sin aviso el aguacero.
En el tejado
Hace muecas esa anciana señora,
arregla sus cabellos, mira el cielo
con temor y desbordante recelo,
con las alas puestas en el otrora.
La señorita ha encalado su alma,
ha escondido el levante tras sus ojos
y sin demora ha echado el cerrojo
a la mar antes de llegar la calma.
Los niños juegan con una cabeza
que pende de un árbol recién cortado,
las madres cargan sueños desmembrados
a la sombra inerte de la grandeza.
Pero el gato anda siempre en su tejado,
enlutado en sus heridas de antaño,
en los propios reveces, en los daños
solitarios de andar ensimismado.
arregla sus cabellos, mira el cielo
con temor y desbordante recelo,
con las alas puestas en el otrora.
La señorita ha encalado su alma,
ha escondido el levante tras sus ojos
y sin demora ha echado el cerrojo
a la mar antes de llegar la calma.
Los niños juegan con una cabeza
que pende de un árbol recién cortado,
las madres cargan sueños desmembrados
a la sombra inerte de la grandeza.
Pero el gato anda siempre en su tejado,
enlutado en sus heridas de antaño,
en los propios reveces, en los daños
solitarios de andar ensimismado.
marzo 12, 2012
Cuando debo dormir
Pronto el cielo se colmará
de azules,
algunas nubes
también,
se alojaran
en mi cabeza
esperando claridad
y un levante
con una pizca
de certeza.
Requiero de un expresso
y tabaco,
mucho tabaco,
alejarme un poco
de la caña y del ron
y dejar a quemarropa
que sea mi boca
la que hable
y no mis manos.
Ya son las seis
y yo sin mí,
y tú en mi trago
cuando debo dormir.
de azules,
algunas nubes
también,
se alojaran
en mi cabeza
esperando claridad
y un levante
con una pizca
de certeza.
Requiero de un expresso
y tabaco,
mucho tabaco,
alejarme un poco
de la caña y del ron
y dejar a quemarropa
que sea mi boca
la que hable
y no mis manos.
Ya son las seis
y yo sin mí,
y tú en mi trago
cuando debo dormir.
marzo 06, 2012
Quizás hay mil razones
Quizás hay mil razones, mil excusas,
millones de manos para echar llave
a la boca donde mueren las aves,
en esta media luz del alba intrusa.
Pero no es mi boca ya la que canta
ni los labios que me sirven de nada,
ni esta verdad tan vilmente enlutada
que reviste mis ojos y no encanta.
Esta noche ante la falta de oleaje
serán mis dedos mi total carencia,
mi voz apagada, mi ardua creencia
en el fondo del vaso y su brebaje.
Quizás hay mil razones, mil excusas,
millones de motivos a estas horas
donde mi ebriedad comprometedora,
quiere anidar en silencio en tu blusa.
Y es mi pecho y sus totales penumbras,
mis manos de música otrora llenas
ahora haciendo mutis del todo ajenas
ante una luz que poco las alumbra.
He de brindar ante mi sombra cruenta
por los amores vueltos gris ceniza,
por las pasiones escritas con tiza,
por esta necedad que me violenta.
millones de manos para echar llave
a la boca donde mueren las aves,
en esta media luz del alba intrusa.
Pero no es mi boca ya la que canta
ni los labios que me sirven de nada,
ni esta verdad tan vilmente enlutada
que reviste mis ojos y no encanta.
Esta noche ante la falta de oleaje
serán mis dedos mi total carencia,
mi voz apagada, mi ardua creencia
en el fondo del vaso y su brebaje.
Quizás hay mil razones, mil excusas,
millones de motivos a estas horas
donde mi ebriedad comprometedora,
quiere anidar en silencio en tu blusa.
Y es mi pecho y sus totales penumbras,
mis manos de música otrora llenas
ahora haciendo mutis del todo ajenas
ante una luz que poco las alumbra.
He de brindar ante mi sombra cruenta
por los amores vueltos gris ceniza,
por las pasiones escritas con tiza,
por esta necedad que me violenta.
marzo 01, 2012
En mis bolsillos (II)
IX
Es mi guitarra la que sangra
entre arpegios autodidactas
en esta noche negra y macilenta.
Hubo un tiempo en que las manos
me servían para mejores fines
a estas mismas horas grises
tan a menudo de demonios plagadas,
y hoy que la miro, rota y empolvada
recuerdo mis dedos, cuando inocentes
cantaban sin ser diestros mentiras
dulces embadurnadas de piedad.
Es mi guitarra la que sangra
mientras estas manos renuentes
escriben de a poquito mi verdad.
X
Se me dejan ver
las primeras arrugas,
un par de canas en la barbilla,
la mirada cansina,
el crujir de los huesos,
los reflejos tardos,
los labios ya sin besos.
Se me empieza a ausentar
de tajo la vanidad,
la memoria por ratos
y las ganas, al despuntar
el alba de despertar.
Se me dejan ver
tras la piel los demonios
adscritos a este ser sin ser.
XI
Reza el diario en su encabezado
encontradas otras tantas cabezas.
¿Y los cuerpos donde han quedado?
-me pregunto quizás con morbo-
Y nadie sabe ni qué gusanos
los estarán de pronto devorando,
y aquí nadie sabe, ni sabrá nunca
quizás, si hoy o mañana
a media tarde será guillotinado.
XII
Bajo la lápida más pesada
y última del cementerio,
donde los restos son profanados
sólo por los vientos que marchitan
las flores que lucen su apogeo.
Entre las piedras elegantes
que revisten la catedral,
entre el manto de fina seda
de cualquiera de todos los santos
a los que nunca he dado diezmo
ni mucho menos ofrenda.
Sobre las hojas del álamo
que flotan sin afán ni destino
en medio de un artificial lago,
siempre a la espera
de volver irremediablemente
a ser alguna vez tierra
sin temblores ni estragos.
Dentro del pozo de tus deseos
cuando acuosos vuelcan
medias lunas en tus adentros,
con su pecado y su penitencia
sujeta al estertor del desamparo
por no tenerme del todo dentro
con mi premura y mi desamparo.
Y donde quiera
que pose mis manos,
ha de cortarme el filo
incivil de la ausencia
por que me encalla
palpitante en los labios.
XIII
Por estos lares no canta el gallo
sino el cuervo es el que grazna
amenazante invocando la muerte.
Y yo que no cuento con dios
ni mucho menos con suerte
silbo una canción indiferente
por no tener credo ni voz.
Son las cuatro de la mañana
y yo esperando el autobús
en la mayor zona hotelera
sin hallar en el cielo tragaluz
ni la estrella que anuncie el levante
ante mis versos insumisos
tan necesariamente quemantes.
Creo que ya se escucha al cuervo,
y con él la luz estalla en el cielo.
XIV
Tuve un amor de ojos mascarados
y piel morena, que prefería el corsé
al sujetador y sus tiranos tirantes,
un amor nunca provisto de carne,
sino de huesos y diabéticos enjambres.
Tuve un amor que supo sin saber
de mi pecho, de este pecho cobarde
a media luz y paredes acolchadas,
que supo del verso que arde
en los adentros cual fetiche
de muñecas a la cama ancladas.
¿Y qué es de ese amor, sino ceniza
escampando en tantas copas vacías
y huecos en las manos sombrías
que se debaten hechas trizas?
Tuve un amor nunca mío,
un aroma a soledad,
un fulgor antidepresivo,
una terrible verdad
y un palpitar en las caderas
que nunca habría sido mío.
Es mi guitarra la que sangra
entre arpegios autodidactas
en esta noche negra y macilenta.
Hubo un tiempo en que las manos
me servían para mejores fines
a estas mismas horas grises
tan a menudo de demonios plagadas,
y hoy que la miro, rota y empolvada
recuerdo mis dedos, cuando inocentes
cantaban sin ser diestros mentiras
dulces embadurnadas de piedad.
Es mi guitarra la que sangra
mientras estas manos renuentes
escriben de a poquito mi verdad.
X
Se me dejan ver
las primeras arrugas,
un par de canas en la barbilla,
la mirada cansina,
el crujir de los huesos,
los reflejos tardos,
los labios ya sin besos.
Se me empieza a ausentar
de tajo la vanidad,
la memoria por ratos
y las ganas, al despuntar
el alba de despertar.
Se me dejan ver
tras la piel los demonios
adscritos a este ser sin ser.
XI
Reza el diario en su encabezado
encontradas otras tantas cabezas.
¿Y los cuerpos donde han quedado?
-me pregunto quizás con morbo-
Y nadie sabe ni qué gusanos
los estarán de pronto devorando,
y aquí nadie sabe, ni sabrá nunca
quizás, si hoy o mañana
a media tarde será guillotinado.
XII
Bajo la lápida más pesada
y última del cementerio,
donde los restos son profanados
sólo por los vientos que marchitan
las flores que lucen su apogeo.
Entre las piedras elegantes
que revisten la catedral,
entre el manto de fina seda
de cualquiera de todos los santos
a los que nunca he dado diezmo
ni mucho menos ofrenda.
Sobre las hojas del álamo
que flotan sin afán ni destino
en medio de un artificial lago,
siempre a la espera
de volver irremediablemente
a ser alguna vez tierra
sin temblores ni estragos.
Dentro del pozo de tus deseos
cuando acuosos vuelcan
medias lunas en tus adentros,
con su pecado y su penitencia
sujeta al estertor del desamparo
por no tenerme del todo dentro
con mi premura y mi desamparo.
Y donde quiera
que pose mis manos,
ha de cortarme el filo
incivil de la ausencia
por que me encalla
palpitante en los labios.
XIII
Por estos lares no canta el gallo
sino el cuervo es el que grazna
amenazante invocando la muerte.
Y yo que no cuento con dios
ni mucho menos con suerte
silbo una canción indiferente
por no tener credo ni voz.
Son las cuatro de la mañana
y yo esperando el autobús
en la mayor zona hotelera
sin hallar en el cielo tragaluz
ni la estrella que anuncie el levante
ante mis versos insumisos
tan necesariamente quemantes.
Creo que ya se escucha al cuervo,
y con él la luz estalla en el cielo.
XIV
Tuve un amor de ojos mascarados
y piel morena, que prefería el corsé
al sujetador y sus tiranos tirantes,
un amor nunca provisto de carne,
sino de huesos y diabéticos enjambres.
Tuve un amor que supo sin saber
de mi pecho, de este pecho cobarde
a media luz y paredes acolchadas,
que supo del verso que arde
en los adentros cual fetiche
de muñecas a la cama ancladas.
¿Y qué es de ese amor, sino ceniza
escampando en tantas copas vacías
y huecos en las manos sombrías
que se debaten hechas trizas?
Tuve un amor nunca mío,
un aroma a soledad,
un fulgor antidepresivo,
una terrible verdad
y un palpitar en las caderas
que nunca habría sido mío.
febrero 28, 2012
En mis bolsillos
I
Una mujer mira a lo lejos
sin encontrar más que la nada:
sus labios entreabiertos,
su alma entrecortada.
Y sin embargo, canta
acompañada de estertores,
del graznar del cuervo
que murió de falsos amores.
Hace ruido al caminar:
sus tacones altos por la acera,
el pecho en constante palpitar
y la desilusión de sus caderas.
Una mujer a lo lejos,
y yo la miro desencajado,
como de mi mismo ausentado
por compartir el reflejo.
II
Leo el diario por la mañana,
me afeito la escasa barba,
saludo a la anciana vecina
con la misma y vieja desgana.
He puesto a secar al sol la pluma
de tinta condenadamente negra,
ya no miro la Luna a mis espaldas
ni me relamo del hocico la espuma.
Debo ser un hombre de bien -me digo-
y ya después, ya después me maldigo.
III
Aquel hombre anda con los pies descalzos,
su mujer, ofrece una tinaja a los paseantes
con la esperanza de rebozar caridades
cuando tiene la muerte a dos pasos.
Se miran de pronto, condescendientes,
sin saber que hacer sin los panes ni los peces
que toda la vida han esperado.
Y sin embargo y sin saberlo
ya lo saben,
y lentamente mueren.
IV
Le he mirado discretamente
el escote de miradas relleno,
desde arriba y lento hacia abajo;
como si no quisiera que notase
la perfecta armonía que he encontrado
entre el movimiento de sus senos.
Pero sonríe y su sonrisa me dice
de la carencia de los tiempos,
y yo pienso en el sentimiento
a las deshoras que se maldice.
Sus pies eran dulcemente perfectos,
blancos como impoluta nieve,
como aquel blanco dios insurrecto
que lava la sangre cuando llueve.
V
Algunas veces me apura
no ser uno de esos tipos letrados,
un doctor, un ingeniero, un abogado;
otras tantas sin mayor premura
disfruto ser quien sin remedio soy
con sus demonios sublevados.
Siempre he pensado
que una copa lleva a la otra
y que el sentir, cuando enraizado
no se oculta bajo una ostra.
Discúlpame si te he fallado,
por el camuflaje detrás del vaso
y por esta torpeza de mi trazo
cuando me encuentro tambaleando.
VI
Dios es una mujer de pechos dulces;
uno nace con la encomienda de lactante
y ya después, mirando el levante
buscamos en la vida algo que la endulce.
Escribo, por ser el loco de frío talante
que nada mejor ha de saber hacer
ante un sistema vuelto enervante
que sólo a los bolsillos da placer.
Y eso me jode, tan tranquilamente
que nadie nota la necedad de mi ser.
Y yo con el hambre derramada
de ser quien no debería de ser,
hallo en la sangre desperdigada
un tibio y desangelado menester.
VII
Bajo la cintura me refulge la carne
que esboza letras ensimismadas
y que acumula sin reservas la sangre
en espera de una luna de amores anisada.
Te espero despierto y sediento,
tan desnudo y como siempre
atado a la hermosa serpiente
que me mantiene vil y macilento.
VIII
Tienes la voz mojigata como la mía,
una cadera que aunque discreta
no ha de pasar percibida como fría
y una recta en la nariz perfecta.
Tienes un don llamado hermosura,
que cansado de llamar tantas puertas
luce tenue y te muestra santa y muerta
a pesar de tu rostro y su tersura.
Quizás te falte del ron sus copas,
del tabaco las elevadas volutas
que sin mas te asimilen bajo las ropas
como una musa sin el apodo de puta.
febrero 23, 2012
Derecho Universal
No hablemos ya de credos
ni de dogmas necios y añejos,
tampoco del alma purulenta
ni de los dolores del pecho;
no hablemos ya de libertad
cuando el hombre no tiene el dereho
de cargar con su propia soledad en paz.
ni de dogmas necios y añejos,
tampoco del alma purulenta
ni de los dolores del pecho;
no hablemos ya de libertad
cuando el hombre no tiene el dereho
de cargar con su propia soledad en paz.
febrero 20, 2012
Estas manos paganas
Este silencio oscuro
de carne desperdigada
en las blancas paredes,
este boleto tan ganador
de fieras hondonadas,
esta catedral sin fe
y estos santos que beben
en copas desparpajadas.
Estos trastos vueltos letras
acochambradas y obsoletas,
esta tinta mía y sus garabatos
revoloteando las veredas
ronde el pecho enmudece;
esta apoplejía de la boca
que tanto besa sin ser besada
al final de tanto arrebato.
Esta comunión de sombras
bailando descalzas una sonata
donde los pies están de sobra,
este canto como crujir de huesos
por encima de la piel que desespera
revestida del hollín de tanto verso,
Este ir sin venir, esta corbata,
este café expreso sin charla,
estos ojos que poco duermen
por temor a hallarse con los sueños
de antaño en focos rojos,
esta noche de mansos cipreses,
este sentir carente de dueño,
este disfraz, estas torpes ganas,
este desvelo, estas manos paganas.
febrero 13, 2012
A la sombra de mi verso
A la sombra de mis versos más tristes
dos hojas de papel vuelan inciertas
por recovecos de tardes desiertas
donde las aves carecen de alpiste.
Tengo una mano puesta en la basura
que tanto escribo y la otra en la coraza
de hombre de bien que diurno me disfraza
cruel ante la vida y su investidura.
Pero soy aquel, el mismo cretino;
me hago el imbecil, contemplo a la luna
empuñando la pluma cual destino,
irrevocablemente y sin vacuna
para mi verso cruento y leporino
ante una copa vil e inoportuna.
dos hojas de papel vuelan inciertas
por recovecos de tardes desiertas
donde las aves carecen de alpiste.
Tengo una mano puesta en la basura
que tanto escribo y la otra en la coraza
de hombre de bien que diurno me disfraza
cruel ante la vida y su investidura.
Pero soy aquel, el mismo cretino;
me hago el imbecil, contemplo a la luna
empuñando la pluma cual destino,
irrevocablemente y sin vacuna
para mi verso cruento y leporino
ante una copa vil e inoportuna.
febrero 04, 2012
Vocación
Corre por la ciudad un viento seco
y la nube se ha quedado sin gota,
un vago canta con la boca rota
melodías desde su vientre hueco
de migajas de pan y dulce vino,
una Mujer de pecho arrebolado
muestra en él su corazón escotado
y sólo halla lascivia en su destino.
Un caminante recorre las huellas
que por el tiempo ya han sido borradas,
y esconde sus pies de su cruel mirada
cuando su propia pisada degüella.
Un cigarrillo debate su fuego
bajo el fango cargado en el zapato,
un trago agonizando en desacato
hurga en las paredes del vaso un ruego
que demuestre el camino como cierto,
a pesar de tanta noche enjaulada
y tantas aves que buscan aladas
quizás un poco de agua en el desierto.
Un poeta busca ser proxeneta,
encantador de esas viles serpientes,
prestidigitador que hable con entes,
un experimento aún en la probeta.
y la nube se ha quedado sin gota,
un vago canta con la boca rota
melodías desde su vientre hueco
de migajas de pan y dulce vino,
una Mujer de pecho arrebolado
muestra en él su corazón escotado
y sólo halla lascivia en su destino.
Un caminante recorre las huellas
que por el tiempo ya han sido borradas,
y esconde sus pies de su cruel mirada
cuando su propia pisada degüella.
Un cigarrillo debate su fuego
bajo el fango cargado en el zapato,
un trago agonizando en desacato
hurga en las paredes del vaso un ruego
que demuestre el camino como cierto,
a pesar de tanta noche enjaulada
y tantas aves que buscan aladas
quizás un poco de agua en el desierto.
Un poeta busca ser proxeneta,
encantador de esas viles serpientes,
prestidigitador que hable con entes,
un experimento aún en la probeta.
enero 30, 2012
A las cuatro
A las cuatro, siendo ya de mañana,
los perros duermen tan plácidamente
que no escuchan el silbido vehemente
enfrascado en estas manos arcanas.
Mis manos, con su verso siempre insano
después de hurgarlo en los grises bolsillos,
han de cargar con los tristes ovillos
del desencanto fieramente humano
y sin embargo, algo persiste en ellas
como la vil necedad de los necios,
como la costumbre del menosprecio
cuando nos miran todas las estrellas.
A las cuatro, a la espera de la aurora,
con los perros que me ladran dormidos,
busco algo más que su feroz ladrido
que me trunque estas ganas trepadoras
de estallar en mil pedazos sombríos,
entre los reflejos de carne y hueso
de esos crueles demonios vueltos presos
que beben de las rosas su rocío.
A las cuatro y envuelto por la nada
no soy sino aquel que busca una copa.
una caricia y quitarse la ropa
con el alma a las letras consumada.
los perros duermen tan plácidamente
que no escuchan el silbido vehemente
enfrascado en estas manos arcanas.
Mis manos, con su verso siempre insano
después de hurgarlo en los grises bolsillos,
han de cargar con los tristes ovillos
del desencanto fieramente humano
y sin embargo, algo persiste en ellas
como la vil necedad de los necios,
como la costumbre del menosprecio
cuando nos miran todas las estrellas.
A las cuatro, a la espera de la aurora,
con los perros que me ladran dormidos,
busco algo más que su feroz ladrido
que me trunque estas ganas trepadoras
de estallar en mil pedazos sombríos,
entre los reflejos de carne y hueso
de esos crueles demonios vueltos presos
que beben de las rosas su rocío.
A las cuatro y envuelto por la nada
no soy sino aquel que busca una copa.
una caricia y quitarse la ropa
con el alma a las letras consumada.
enero 26, 2012
Si de pronto te escribo
Si alguna vez me quedo medio muerto
y callado, como mirando nadas
tan revueltas y agujas incrustadas
en el fruto prohibido del huerto,
no me mires como un ente perdido,
pues estoy como el imbécil soñando
con esa humareda que va creando
las espirales de sueños vencidos.
Hoy, que entre sus fauces la noche clama
no pretendo soñar calmo y dormido
con rosedales de tono encendido
a las luces de una eléctrica flama,
sino quizás elucubrar un verso
que hable de mis dogmas encasillados
al desencanto de un beso mermado
que no me resulte del todo adverso.
Si alguna vez me quedo medio vivo
y sonrío, en la penumbra nocturna
que desata las almas taciturnas
no reproches si de pronto te escribo.
y callado, como mirando nadas
tan revueltas y agujas incrustadas
en el fruto prohibido del huerto,
no me mires como un ente perdido,
pues estoy como el imbécil soñando
con esa humareda que va creando
las espirales de sueños vencidos.
Hoy, que entre sus fauces la noche clama
no pretendo soñar calmo y dormido
con rosedales de tono encendido
a las luces de una eléctrica flama,
sino quizás elucubrar un verso
que hable de mis dogmas encasillados
al desencanto de un beso mermado
que no me resulte del todo adverso.
Si alguna vez me quedo medio vivo
y sonrío, en la penumbra nocturna
que desata las almas taciturnas
no reproches si de pronto te escribo.
enero 21, 2012
El gusto de saberse perdido
No es la noche sino el frío
con sus millares de lenguas
y paladares a media luz viciados
degustando mi osamenta
sin clemencia por todos lados.
He buscado sin la esperanza
que trae la brújula, el norte
más cercano a la mirada
cuando luce desprovista
de matices blanquiazules;
serena y sin embargo tan cansina
después del tercer trago
y el enésimo demonio
aleteando sobre las cenizas
del hubiera empotrado en la razón
que conduce al desencanto.
Y sin embargo nada cambiaría
esta noche en que el humo en lo alto
me eleva a la nube más cercana
a la futilidad del fiero chubasco
que refresca en la piel los ardores
de lo que ha de embriagarme
de letras y sublimes pasiones.
No es sino el gusto de saberse perdido
mientras el mundo lentamente gira
sin saber de la noche que carcome
esperando a que enciendan la pira.
con sus millares de lenguas
y paladares a media luz viciados
degustando mi osamenta
sin clemencia por todos lados.
He buscado sin la esperanza
que trae la brújula, el norte
más cercano a la mirada
cuando luce desprovista
de matices blanquiazules;
serena y sin embargo tan cansina
después del tercer trago
y el enésimo demonio
aleteando sobre las cenizas
del hubiera empotrado en la razón
que conduce al desencanto.
Y sin embargo nada cambiaría
esta noche en que el humo en lo alto
me eleva a la nube más cercana
a la futilidad del fiero chubasco
que refresca en la piel los ardores
de lo que ha de embriagarme
de letras y sublimes pasiones.
No es sino el gusto de saberse perdido
mientras el mundo lentamente gira
sin saber de la noche que carcome
esperando a que enciendan la pira.
enero 19, 2012
Ni el uno más uno
Tienes razón cuando dices
que hace mucho nada tengo,
y más aún cuando lo haces
sin siquiera mediar una palabra.
Ahora te duele la cabeza
y es por mí, bien lo sé,
como sé del solitario maullar
del gato que ronda los tejados,
como sé a cuesta de mis tragos
lo que representa éste ser sin ser.
Bebo, bien lo sabes, de noche
mientras todo el mundo duerme
y escribo para evitar las paredes
de muros blancos y acolchados
en los que la locura más cuerda
a pesar de las luces encendidas
ha de volverse penumbra inerme.
Y resulta triste y a la vez magnánimo:
la soledad multiplicada por la calma
dividida entre la carne que resiente el frío
no es más que la esencia pueril
del infante que pronto dejo de serlo
por perder precozmente el alma
en el filo de un machete sombrío.
Pero no entiendes nada de esto
y yo que no sé explicar ni el uno más uno.
Tengo una copa en lo alto
y la carencia de oírla tintinear
al encuentro de otra similar,
esperando una luz a guarecida a salvo
al igual de los infiernos prometidos
de todo aquello que dicen "no es sano".
Debajo de mi cintura
los años que tengo palpitan
y arremolinan bestialidades
que han de volverme la sombra
que se revuelve moribunda, sin cura
y sin voz sujeta a multicolores auroras
donde te encuentre dispuesta
a escuchar mi canto como plato de sobras.
Y una humareda de tabaco me envuelve,
entre mis dedos pestilentes y amarillentos
se halla mi verdad y mis versos que tenues
pretenden dar forma a una pasión inclemente;
entre mis dedos traigo mi mundo
que no resulta justo entre líneas perennes
ahogadas en alquitrán y en sedientos
ocasos que crueles buscan lo verdadero.
Pero ciertamente tienes razón
cuando tan sólo me miras
y no atinas a decir más nada.
Y yo que no sé explicar ni el uno más uno
sin creerlo, sé que tienes razón.
que hace mucho nada tengo,
y más aún cuando lo haces
sin siquiera mediar una palabra.
Ahora te duele la cabeza
y es por mí, bien lo sé,
como sé del solitario maullar
del gato que ronda los tejados,
como sé a cuesta de mis tragos
lo que representa éste ser sin ser.
Bebo, bien lo sabes, de noche
mientras todo el mundo duerme
y escribo para evitar las paredes
de muros blancos y acolchados
en los que la locura más cuerda
a pesar de las luces encendidas
ha de volverse penumbra inerme.
Y resulta triste y a la vez magnánimo:
la soledad multiplicada por la calma
dividida entre la carne que resiente el frío
no es más que la esencia pueril
del infante que pronto dejo de serlo
por perder precozmente el alma
en el filo de un machete sombrío.
Pero no entiendes nada de esto
y yo que no sé explicar ni el uno más uno.
Tengo una copa en lo alto
y la carencia de oírla tintinear
al encuentro de otra similar,
esperando una luz a guarecida a salvo
al igual de los infiernos prometidos
de todo aquello que dicen "no es sano".
Debajo de mi cintura
los años que tengo palpitan
y arremolinan bestialidades
que han de volverme la sombra
que se revuelve moribunda, sin cura
y sin voz sujeta a multicolores auroras
donde te encuentre dispuesta
a escuchar mi canto como plato de sobras.
Y una humareda de tabaco me envuelve,
entre mis dedos pestilentes y amarillentos
se halla mi verdad y mis versos que tenues
pretenden dar forma a una pasión inclemente;
entre mis dedos traigo mi mundo
que no resulta justo entre líneas perennes
ahogadas en alquitrán y en sedientos
ocasos que crueles buscan lo verdadero.
Pero ciertamente tienes razón
cuando tan sólo me miras
y no atinas a decir más nada.
Y yo que no sé explicar ni el uno más uno
sin creerlo, sé que tienes razón.
enero 18, 2012
Me distrae
Un perro a lo lejos ladra
y es molesto y me distrae
a las deshoras del viento,
en las que yace muerto.
Fumo un cigarrillo de nada
mientras veo su rosa en la punta
prendida y calcinante;
dios no es tan salvo
en la penumbra ni es grande
abrasado al candor de la noche
cuando más negra luce
y no se divisa cierto el levante.
Es un ladrido a la mitad fiero,
a la mitad triste,
como un lamento arrebatado
que me molesta
y me jode y me distrae.
Hoy vi una mano pidiendo
desesperada una moneda
-una mano de dedos viejos
y sucios, con las uñas largas-
y se la di al escuchar su plegaria;
esa misma mano sostenía
un cigarrillo de mejor marca
encendido que el que portaban
mis dedos de alma amarilla,
Y es la noche y es dios
y es la vida y es la mano
desesperada que me engaña
lo que ahora tanto me molesta
y tanto me jode por que me distrae.
y es molesto y me distrae
a las deshoras del viento,
en las que yace muerto.
Fumo un cigarrillo de nada
mientras veo su rosa en la punta
prendida y calcinante;
dios no es tan salvo
en la penumbra ni es grande
abrasado al candor de la noche
cuando más negra luce
y no se divisa cierto el levante.
Es un ladrido a la mitad fiero,
a la mitad triste,
como un lamento arrebatado
que me molesta
y me jode y me distrae.
Hoy vi una mano pidiendo
desesperada una moneda
-una mano de dedos viejos
y sucios, con las uñas largas-
y se la di al escuchar su plegaria;
esa misma mano sostenía
un cigarrillo de mejor marca
encendido que el que portaban
mis dedos de alma amarilla,
Y es la noche y es dios
y es la vida y es la mano
desesperada que me engaña
lo que ahora tanto me molesta
y tanto me jode por que me distrae.
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