¿Y qué hay, si de pronto
tus ojos se vuelven fuego
y de pronto me veo
impulsado a beber
de tus labios el arsénico?
¿Qué pasa con las horas
que estancadas atiborran
la necesidad permanecer
presente en tus sueños?
¿De qué color se pinta el corazón
si dulcemente ha sido embriagado
y con su latir, se desdibuja ya cansado?
¿De qué maldita manera
me olvido de demonios y quimeras,
de que esta vida ya no es juego,
qué al final no habrá más "luego"?
¿Qué hay de ti Mujer, al escuchar
mis plegarias en claro ronroneo,
al descubrirme ahí rendido
con la soga atada al cuello,
en sombrío y calmo balanceo?
julio 06, 2010
junio 30, 2010
Apología de la Locura (Fragmento #3)
En la maraña sigo, en el viento fresco de la noche que a grandes bocanadas los huesos me inunda para dar paso al matinal rocío. El reloj ahí, alerta, sin detenerse por propio capricho mientras he de preguntarme cual de todas las deidades, le habrá con su mano dado cuerda. ¡Blasfemias y nada más! Y esa maña con el paso de los años adquirida de huirle constantemente a la vida para no mirar en plenitud su faz. Han de convenirme entonces, así lo pienso, las sombras, el eterno devaneo de la sangre corriendo entre un par de labios hasta embriagarlos de carmín y el ensimismamiento taciturno que solo puede ser nocturno.
Todo muere. Las rosas que adornaban el florero, ahora cabizbajas y marchitas, la vecina que aún con sus pliegues ya marcados en el rostro, daba por doquier un esbozo de lo que fue en sus años mozos, al menos así lo supongo, una auténtica sonrisa. También ella, hace unos días ha muerto, aunque no estoy muy consiente del tiempo; probablemente hace más. Hace tiempo también, quizás menos, ha muerto mi sexo tan vil y desaforado, tan alejado de la gloria. Una mañana de invierno ya no pudo resistir y tan sólo se tumbó, me miró con la dolencia del lacerado y entre mis manos indígnamente murió.
El mundo desde estos prados siempre verdes se torna un tanto extraño durante las tardes, cuando cae de súbito el sol y la noche los envuelve. ¡Cosas de la edad! Algún día, cuando mis ojos no imaginaban aún que cargarían a todas horas estas gafas, un buen anciano después de una larga peroratame lo dijo y no cómo excusa, sino como un tajante punto final. Y ahora heme aquí, rondando esa misma edad sin creer que son mis labios ya mismo, los que lo han dicho, solo que yo no soy tan tajante ni con ello quiero a esta carta ponerle el punto final. Como quiera que sea, a lo que voy es que aquí no se respira nada, los sueños se difuminan gradualmente hasta convertirse en pesadillas y el alma en su silla de ruedas, ya no camina. Como sea, no importa.
Recordaras que fue en enero, uno de esos fríos, una nohe de invierno, cuando las luces bajaron y estremecieron los cielos y pensabas que no era nada, que acaso quizás hubiera llegado más temprano el alba. Y yo, después de acariciar tus cabellos rocé con mis dedos tu mejilla, la derecha lo recuerdo, y te di sin más un beso. ¡Qué contrariedad, si apenas en esos ayeres eras solo un niño de ojos vivaces y con el sueño calmo y tranquilo!
A tu madre, a la que nunca conocí aún ciertos días de lluvia me da por enviarle flores, por escribirle versos que no se bien de dónde salen pero que al cabo, salen y fluyen, libres y ya sin temores. Debió ser una buena mujer, lo imagino y así lo deseo, lo imploro con ojos ciegos, con esta misma sed de encontrar en algún lugar la fe, en cualquier horario y que tan a menudo una vez encontrada, me da por dejarla en cualquier parte e irremediablemente pierdo. Y la imagino a estas alturas como yo, ensimismada, aunque no de viejos amores convaleciente, si de la vida un tanto retirada. Algunas noches también dentro de mi alcoba imagino sus pechos, eso sí, no a estas alturas sino en sus mejores tiempos. No ha de ser nunca con mieles de lujuria, mi sexo ha muerto te lo he ducho antes, tal vez lo digo solo como referendo de estas sombras que me acosan y acrecentan todos mis males.
Bah! Tengo un cuarto de hora más para escribir. Aquí por regla general las luces son apagadas a las diez en punto y con una palmada en el hombro le invitan a uno a dormir. Son muy estrictos y por la mañana, cuando justo sale el sol a uno le vienen a despertar y le quitan la almohada, le acompañan al sanitario y le obligan a orinar. ¡Pero que le voy a hacer! Si son la única compañia que tengo que aún pertenece al reino de los vivos. A final de cuentas ¿Qué me importa? ¡Que vengan y que corran el telón, que me dejen en penumbras, lo mismo me da!
Sabes, tengo una pequeña lamparita que no deja de operar si recuerdo oportunamente cambiarle las pilas. La tengo bien escondida en la primera gaveta, entre mis ropas y aunque de ella sospechan, no saben más nada. Procuro ser muy discreto, aquí no pronuncio palabra a menos que todo se me vuelva muy serio. Es mejor así, a esa conclusión he llegado después de tantas noches en desvelo, después de ser literalmente por el mundo, enterrado.
Pero no, no te culpes, que no pretendo nunca con estas líneas arrancarte de tajo esa sonrisa tuya que tan a menudo imagino.
Ya vienen, escucho sus pies dando pasos por el corredor, el tintinear de las numerosas llaves que llevan en las manos, su respiración, el olor a desprecio de su aliento. Las luces se apagarán sin remedio, te lo he dicho ya, y la lamparilla que no encuentro, no está. ¡Maldita sea! No puedo seguir con esta carta, la sellaré con un beso al terminar, te lo prometo, por que quizás mañana, cuando la luz de oriente me haga despertar nada quedará de mí, ni de ti también quizás. Nada de esto, bien lo se, podré recordar...
Todo muere. Las rosas que adornaban el florero, ahora cabizbajas y marchitas, la vecina que aún con sus pliegues ya marcados en el rostro, daba por doquier un esbozo de lo que fue en sus años mozos, al menos así lo supongo, una auténtica sonrisa. También ella, hace unos días ha muerto, aunque no estoy muy consiente del tiempo; probablemente hace más. Hace tiempo también, quizás menos, ha muerto mi sexo tan vil y desaforado, tan alejado de la gloria. Una mañana de invierno ya no pudo resistir y tan sólo se tumbó, me miró con la dolencia del lacerado y entre mis manos indígnamente murió.
El mundo desde estos prados siempre verdes se torna un tanto extraño durante las tardes, cuando cae de súbito el sol y la noche los envuelve. ¡Cosas de la edad! Algún día, cuando mis ojos no imaginaban aún que cargarían a todas horas estas gafas, un buen anciano después de una larga peroratame lo dijo y no cómo excusa, sino como un tajante punto final. Y ahora heme aquí, rondando esa misma edad sin creer que son mis labios ya mismo, los que lo han dicho, solo que yo no soy tan tajante ni con ello quiero a esta carta ponerle el punto final. Como quiera que sea, a lo que voy es que aquí no se respira nada, los sueños se difuminan gradualmente hasta convertirse en pesadillas y el alma en su silla de ruedas, ya no camina. Como sea, no importa.
Recordaras que fue en enero, uno de esos fríos, una nohe de invierno, cuando las luces bajaron y estremecieron los cielos y pensabas que no era nada, que acaso quizás hubiera llegado más temprano el alba. Y yo, después de acariciar tus cabellos rocé con mis dedos tu mejilla, la derecha lo recuerdo, y te di sin más un beso. ¡Qué contrariedad, si apenas en esos ayeres eras solo un niño de ojos vivaces y con el sueño calmo y tranquilo!
A tu madre, a la que nunca conocí aún ciertos días de lluvia me da por enviarle flores, por escribirle versos que no se bien de dónde salen pero que al cabo, salen y fluyen, libres y ya sin temores. Debió ser una buena mujer, lo imagino y así lo deseo, lo imploro con ojos ciegos, con esta misma sed de encontrar en algún lugar la fe, en cualquier horario y que tan a menudo una vez encontrada, me da por dejarla en cualquier parte e irremediablemente pierdo. Y la imagino a estas alturas como yo, ensimismada, aunque no de viejos amores convaleciente, si de la vida un tanto retirada. Algunas noches también dentro de mi alcoba imagino sus pechos, eso sí, no a estas alturas sino en sus mejores tiempos. No ha de ser nunca con mieles de lujuria, mi sexo ha muerto te lo he ducho antes, tal vez lo digo solo como referendo de estas sombras que me acosan y acrecentan todos mis males.
Bah! Tengo un cuarto de hora más para escribir. Aquí por regla general las luces son apagadas a las diez en punto y con una palmada en el hombro le invitan a uno a dormir. Son muy estrictos y por la mañana, cuando justo sale el sol a uno le vienen a despertar y le quitan la almohada, le acompañan al sanitario y le obligan a orinar. ¡Pero que le voy a hacer! Si son la única compañia que tengo que aún pertenece al reino de los vivos. A final de cuentas ¿Qué me importa? ¡Que vengan y que corran el telón, que me dejen en penumbras, lo mismo me da!
Sabes, tengo una pequeña lamparita que no deja de operar si recuerdo oportunamente cambiarle las pilas. La tengo bien escondida en la primera gaveta, entre mis ropas y aunque de ella sospechan, no saben más nada. Procuro ser muy discreto, aquí no pronuncio palabra a menos que todo se me vuelva muy serio. Es mejor así, a esa conclusión he llegado después de tantas noches en desvelo, después de ser literalmente por el mundo, enterrado.
Pero no, no te culpes, que no pretendo nunca con estas líneas arrancarte de tajo esa sonrisa tuya que tan a menudo imagino.
Ya vienen, escucho sus pies dando pasos por el corredor, el tintinear de las numerosas llaves que llevan en las manos, su respiración, el olor a desprecio de su aliento. Las luces se apagarán sin remedio, te lo he dicho ya, y la lamparilla que no encuentro, no está. ¡Maldita sea! No puedo seguir con esta carta, la sellaré con un beso al terminar, te lo prometo, por que quizás mañana, cuando la luz de oriente me haga despertar nada quedará de mí, ni de ti también quizás. Nada de esto, bien lo se, podré recordar...
junio 23, 2010
Sólo
Un mendrugo de pan
una sonrisa a lo lejos
de reojo una mirada
en el hombro una palmada.
Sólo eso necesito...
ó tal vez esta noche desierta
un poco más.
(Por mísera que sea)
una sonrisa a lo lejos
de reojo una mirada
en el hombro una palmada.
Sólo eso necesito...
ó tal vez esta noche desierta
un poco más.
(Por mísera que sea)
junio 14, 2010
En estos Tiempos (Parte II)
En estos tiempos en que no encuentro cosa mejor que hacer, a mi mente le da por recordar, por asomarse al pozo frío del olvido, perderse en algunos detalles y divagar... Esa cruz que atada al cuello otrora llevaba, cuando creía en la claridad del día aunque de noche dormitara; esas letras que sin yo querer salían siempre de madrugada justo cuando mi líbido más se acrecentaba
Esos monstruos que de a poco me comían el corazón, la primera Mujer que me besó y ese destino que siempre buscaba anclado a una canción; aquella pasión que sin más me enseñaba las bragas, la Luna descubierta y la vida que apenas comenzaba, sin ponerme trabas.
El tararear suave de la Muerte haciéndose presente en mi ventana, el contacto de mi sexo con la divinidad del opuesto, la cerveza el cigarrillo y mi primera guitarra. Los cantos, la bohemia, mi precoz conocimiento de la resaca; los libros, el olor de la tinta y con ellos mi pensamiento en fusión, las malas notas en la escuela y mi Madre diciendo: "debes ser el mejor". Mis labios tornándose callados, la Mujer que me robó la ilusión.
El tararear suave de la Muerte haciéndose presente en mi ventana, el contacto de mi sexo con la divinidad del opuesto, la cerveza el cigarrillo y mi primera guitarra. Los cantos, la bohemia, mi precoz conocimiento de la resaca; los libros, el olor de la tinta y con ellos mi pensamiento en fusión, las malas notas en la escuela y mi Madre diciendo: "debes ser el mejor". Mis labios tornándose callados, la Mujer que me robó la ilusión.
La catedral infestada de oscuras palomas, los brutales fracasos, las terapias Lacanianas, los golpes en la cabeza al comprender que en verdad, todos los caminos llevan a Roma. La extravagancia envuelta en mi vestir, las ojeras cada vez más marcadas, mi extraña condición a la hora de sentir.
Pero en estos tiempos en que no encuentro cosa mejor que hacer, desenfundo la guitarra, trato de pactar con el "D"ios en el que aún no creo y en lo alto levantado el trago, poniendo toda la fe que tampoco tengo, para que éste, esta noche no se me vuelva amargo.
junio 10, 2010
Buscaré un Empleo
Buscaré un empleo más, uno nocturno que logre desarraigar de mí este vicio, uno cruel y aberrante que me haga del todo esclavo, donde no encuentre descanso ni lugar para el exilio. Un oficio que me traiga el beneficio de olvidar el tiempo y de que alguna vez, muy adentro tuve sueños. Una profesión que acepte sin distinción a los vivos aún estando muertos...
junio 09, 2010
Me Confieso
Me confieso sin temor culpable, si alguna vez he sido capaz de matar a sangre fría tus sueños, si en algún rincón por largo tiempo te he olvidado, si entre el ir y venir de mi pensamientos no he dado cabida a mis labios entre tus pechos, si entre tus piernas y su candor tampoco he alojado aquella pasión traducida sólo en un cálido beso. Me confieso Mujer, un tirano embaucador, un charlatán enmascarado sujeto a un dogma incivil, a un mar de olas doradas y a llevar en la frente la marca del felonés, ese sello distintivo de la traición.
Me confieso además en cuanto a mis letras se refiere, un pusilánime de la verdad, de la propia naturaleza que interfiere con la mente, con la propia razón que se agarra a golpes constantemente con los argumentos del corazón, sin saber de pronto lo que es ciertamente la realidad. Me confieso intolerante, dentro de mi tenue capa de credulidad, de la presumible caligrafía un tunante y de esta arritmia dentro del pecho que me resulta a veces calcinante. Y me confieso, Mujer, como el enfermo que ha de mirar la Luna en su mejor fase hecho un esperpento mientras tú duermes, y mi pecho yace macilento.
junio 04, 2010
Yo me propongo
"Hoy me propongo fundar un partido de sueños,
talleres dónde reparar alas de colibríes.
Se admiten tarados, enfermos, gordos sin amor,
tullidos, enanos, vampiros y días sin sol..."
Silvio Rodriguez/Ala de colibrí.
Yo me propongo esta vez lanzar la caña al agua sin esperar que pique un pez, mirar el sol sin espejuelos que lo opaquen, rezarle a un "D"ios sin que se espante. Me propongo la vida anteponiéndola a la Muerte, sin importar de donde vengan las balas ni su suerte.
Yo me propongo abatir al truhán, al pobre delincuente, atarle las manos y cambiar su presente, arrodillar al miedo, dejarlo perenne y caminar por las calles sereno y sonriente. Apuñalar al malencarado, al indecente, al de pensamientos inciviles y decadentes.
Yo me propongo brindar esta noche con el trago en lo alto, con mi Ron en la mano y sin temor al desencanto. Fumarme un cigarro, y al final de la espiral encontrar una mano que aún sin cobijo calme mi espanto, una mirada, una sonrisa, un gesto compasivo y benevolente.
Yo me propongo volar desnudo con propias alas, escribir cada instante sin temor a morales represalias. Recopilar mis dibujos calificados como infantiles, emancipar las inocentes vocales de las tildes. Dormir a caso como nunca lo he hecho, recuperar de la basura mis sueños y escampar en los montes en donde por tanto he terminado deshecho...
Hoy me propongo imaginar que el cielo es más azul que antaño, visto a través de una Mujer y sus ojos castaños. Que mi sangre no se vicie y siga teniendo esos labios, ese corazón y sus mismos espasmos, que el mañana me despierte no en la gloria, sino en la vida y sus constantes orgasmos.
Hoy me propongo dormir, al creer que ha sido, suficiente...
mayo 29, 2010
Sólo Espero
Sólo espero que no me llegue el futuro enfrascado en bocanadas de humo, que no me encuentre arraigado en cualquier escuadrón de la Muerte sin escudo, sin patria y sin suerte. Que no se me vayan de las manos las ganas, la ansiedad por las llamas ni este quehacer nocturno de tintes inhumanos.
Que los esqueletos de mis paredes deambulen como siempre indiferentes, que mis ojos tristes algún día reencarnen en armoniosas fuentes, que alguna mejilla salpiquen de agua y de sal, de arena, de blanca espuma, que encuentren en tu cuerpo alguna cavidad aún dispuesta, aún quemante, como una boca de labios tersos que al sentir los míos estallen vibrantes.
Que los esqueletos de mis paredes deambulen como siempre indiferentes, que mis ojos tristes algún día reencarnen en armoniosas fuentes, que alguna mejilla salpiquen de agua y de sal, de arena, de blanca espuma, que encuentren en tu cuerpo alguna cavidad aún dispuesta, aún quemante, como una boca de labios tersos que al sentir los míos estallen vibrantes.
Sólo espero no llegar a viejo con gestos vacilantes y obscenos, con el infierno marcado en el semblante y en los pulmones mantener un poco de aire. Que mi sonrisa no empiece a desdibujarse, que mis reflejos felinos no tomen el tren y se marchen, que la caña no se me vuelva de pronto de la peor calaña ni el sabor que me deja en la boca, obtenga jamás la aspereza en torno al cuello de la soga.
Que las rodillas no se quiebren a mitad de la andanza, que consiga observar lo que busco aún en lontananza, que mis temores con el tiempo se hayan disuelto o al menos, un poco carcomidos por el tiempo, que mis peroratas no sean más cuestión de vicio ni en mis letras logre hallar un maleficio.
Sólo espero que esta noche aquí sentado, contemplando el cigarrillo en mi mano, no descubra que la calma ha sido ya cosa del pasado.
mayo 21, 2010
He de Hablarte...
¡Qué te vengo yo con sofismas Mujer, con mis eternas apologías que no han de ser, más que simples elegías! ¡Qué te vengo cabizbajo y embrutecido, con las manos temblando y el corazón azorado pendiendo de un hilo!
He de hablarte de la razón efímera que aún no tengo, de los días que sin remedio se me vuelven noches sin Luna, de los demonios sin tener dato alguno de su abolengo, de esta catarsis ocularmente triste e inoportuna, de una pasión sujeta al frío de la nevera, de mis delirios embaucados notablemente hacia el Ron, de mi autoritaria calaña austera, de mi empatía al pensar en el paredón.
He de mirarte también una vez tendida en el lecho, sin pensar en tu pesar, si acaso como el mío yace maltrecho, sin reparar en todos aquellos muertos, mientras que en algún lugar incierto, la misma vida da cabida a un pensamiento mucho más certero, con flores de mil colores y ninfas repartiendo sus sudores, sus jadeos y alguna danza que a Poseidón le regalan, en tiempos de paz y completa bonanza.
¡Qué te vengo yo con mis más ínclitos lamentos, con mis más dramáticos momentos, si a tus ojos no llegará jamás este texto amarillento!
mayo 18, 2010
Ensueño (Fragmento #10)
Al fondo un arcoris difuminado,
el esbozo de una sonrisa vuelta fracaso
y ese beso tuyo, ahora salado.
Una montaña que nunca fue a Mahoma
un secreter de madera
y una breve caricia a deshora.
Al lado, la inveterada trinchera
con las mismas cadenas,
el mismo barro y las mismas huellas.
Las manchas en los muros,
los silencios nocturnos,
las ventanas rotas,
remolinos que se forman.
Al frente una luz que ofusca el horizonte
trae consigo, el bramar de los montes,
alguna vez tan azules.
Una caracola en la tierra
en pleno reposo,
una mariposa en la guerra
causando alboroto.
Al centro una quimera
marcando el compás
con todos sus huesos,
con las piernas deshechas
sorteando el filo de la tijera
que acorta la vida en cada beso
así, al saber que no hay más.
el esbozo de una sonrisa vuelta fracaso
y ese beso tuyo, ahora salado.
Una montaña que nunca fue a Mahoma
un secreter de madera
y una breve caricia a deshora.
Al lado, la inveterada trinchera
con las mismas cadenas,
el mismo barro y las mismas huellas.
Las manchas en los muros,
los silencios nocturnos,
las ventanas rotas,
remolinos que se forman.
Al frente una luz que ofusca el horizonte
trae consigo, el bramar de los montes,
alguna vez tan azules.
Una caracola en la tierra
en pleno reposo,
una mariposa en la guerra
causando alboroto.
Al centro una quimera
marcando el compás
con todos sus huesos,
con las piernas deshechas
sorteando el filo de la tijera
que acorta la vida en cada beso
así, al saber que no hay más.
mayo 15, 2010
En Estos Tiempos (Parte I)
En estos tiempos en que no encuentro cosa mejor que hacer, desenvuelvo el alma que guardé fieramente en un cajón, lanzo al cielo un improperio que cae de pronto hacia mí, hacia mi vaso y lo revuelvo; agitador en mano y la cola se fusiona con el Ron. Cuba libre, agregada media onza de zumo de limón, pero no es Cuba ni mucho menos libre la mía, tampoco la de Fidel que tanto reclama y que pretende mover la isla entera en balsa. Pero hablar de política no es mi deber, son estos tiempos en que no encuentro cosa mejor que hacer...
mayo 06, 2010
Del Pasado y el Presente (en un Instante)
Pretendo llegar a una verdad, absurdamente cierta de la cual mucho me temo, ya del todo he de saber. Pretendo formar chubascos con un par de nubes que no son siquiera estratos, ni han de dar gota alguna, ni podrán llover. No todo es claridad, también lo he de saber, y este proceder, de cigarrillos encendidos irremediablemente me hará perecer. Me he cansado ya del sol que solo ha de dejar marcas en mi piel envejecida, me he cansado ya de los temores que han dejado mi alma ennegrecida. Moho en las paredes, sobre el alabastro lapidario de las noches más perennes, sobre la misma grieta embadurnada de efímeras alegrías; una caverna sin aire donde no entran jamás los atardeceres.
Soñé alguna vez con suaves cantos estáticos, que giraban y nunca emigraban, con alguna cadera creando la danza entre climas profundos y selváticos, abriendo de la piel los poros, desgarrando en pleno silencio la garganta, esperando el regreso de aquel vaivén en plena huida; extasiada en el reflejo del agua la mirada. Lo soñé y revoloteaban las aves, fugaces desapareciendo al bajar los párpados, al entrecerrar los ojos en sangre inyectados, al ser carcomidas por aquel tirano imperio del olvido, del polvo que con su peso quita el brillo, para poco después despertar.
Y también desperté como casi siempre enajenado y cabizbajo, maldiciendo la resaca que muy temprano me hubo atrapado, entre sus alas negras y sujeto a no tener en la boca palabra. El vacío de repente logró hacerme un prisionero, de crecida barba sobre el mentón, desfallecido y en harapos; y me aferré a él, por que nunca quise despertar y sin embargó desperté.
Ahora solo pretendo descansar, un sueño de infante soñar y si aquella suerte repartida me hace el favor, un trago de Ron...
mayo 03, 2010
Cavilaciones
Debe tratarse del Mar, de sus olas cristalinas, de la blanca espuma, de esa extraña sensación que en los pies comienza, y que poco después, en los ojos se anida. Debe ser aquello de la edad, de tanto sofisma, de alguna pasión que mi sentir tan solo reafirma, que adorna sin quererlo el tejado en relación a una verdad, cada vez más oscura y sombría. Debe ser esa edad que aún no tengo y que sin embargo en estos días mantengo, del mundo un tanto alejado.
Debe ser este sol que sin llegar el verano, quema sin misericordia mi piel y que sigue ensoñando al manzano aquel, entre fuegos fatuos y un distinto amanecer, sin temibles sombras ni demonios aferrados a la pared. Eso debe ser, la teoría caótica que regularmente lleva al hombre a unos pechos de Mujer. Entonces ¿qué hacer? Sí los naipes sobre la mesa descubren una jugada, tan mística y a la vez pagana qué el viento con su soplo ha de desaparecer.
Debe ser esa sobriedad que cuando Gato no conozco, y que sin importarme un bledo cuando Hombre, como utópico sueño en su contraparte, reconozco...
mayo 01, 2010
Necedad (Parte I)
Con la necedad a cuestas me recuesto en el diván de hojarasca, de la crujiente tempestad de ramas secas, de los días escarchados cuando aún no entra el verano. Medito, pienso, entre demonios rebusco. La resaca del mañana que ayer fungió en la inexistencia, a la cual induzco, dentro de la vorágine dorada del almíbar de la caña, ha de darme razón de incoherencia. La noche tan fresca, con sus vientos que levantan polvos grisáceos dentro de la burbuja, y en la piel, el sentimiento más vivo penetradas por mil agujas. Miro dentro del vaso, y la misma necedad me corroe, me corrompe, me incita como la piel de la Mujer justo bajo su escote, como la plaga que ha venido a ser el destino del hombre, como el lecho cruel y tirano sin conciencia de hecatombes. Y yo soy hombre, mejor dicho, un gato que ha de mutar con el alba, y no por ello he de renunciar a esa nocturna y pacífica calma, que escribe con tinta negra sus más profundas tonterías, cuidando en demasía la caligrafía y cuando sobrio, la ortografía. Pero los demonios esperan, y tal vez, ha sido demasiada espera para ellos ya...
Cuatro gotas de alquitran en la voz,
siete notas empapadas de alcohol,
campanadas en el fondo del mar,
carcajadas que me hicieron llorar...
"La canción de los (buenos) borrachos"
Joaquín Sabina Y Fito Paez.
abril 29, 2010
Ensueño (Fragmento #9)
De entre tus sombras, algún día
sin saber si fue al principio
emergió la luz,
esa que aunque escasa
siempre ha sido nacarada
y de la cual no se,
si alguna tarde de lluvia
tendrá su propio final.
Surgió también tu beso,
y con él, el mismo Diablo vuelto deseo
recorriendo tu espina dorsal,
tus paredes acuosas,
el fino bello que envuelve tu cuerpo.
Tus palabras ahogadas en el silencio,
en ese mito sepulcral
tan ajeno al bien y al mal
y tus ojos que no miraban,
más allá de los míos;
estrecho canal,
tan cercano, tan íntimo
en amoral albedrío.
Extraña y bella simiente,
salida penumbra nostálgica
de un pecho caliente,
de banderas atávicas
de vida y tonos verdes,
de ese despertar inclemente
atado al clamor de la Muerte,
cuando más quema la ausencia,
cuando no es más que presente...
sin saber si fue al principio
emergió la luz,
esa que aunque escasa
siempre ha sido nacarada
y de la cual no se,
si alguna tarde de lluvia
tendrá su propio final.
Surgió también tu beso,
y con él, el mismo Diablo vuelto deseo
recorriendo tu espina dorsal,
tus paredes acuosas,
el fino bello que envuelve tu cuerpo.
Tus palabras ahogadas en el silencio,
en ese mito sepulcral
tan ajeno al bien y al mal
y tus ojos que no miraban,
más allá de los míos;
estrecho canal,
tan cercano, tan íntimo
en amoral albedrío.
Extraña y bella simiente,
salida penumbra nostálgica
de un pecho caliente,
de banderas atávicas
de vida y tonos verdes,
de ese despertar inclemente
atado al clamor de la Muerte,
cuando más quema la ausencia,
cuando no es más que presente...
abril 22, 2010
Fragmento Autobiográfico #5
Mientras tanto espero, como siempre, como nunca antes lo había hecho. Esta eterna de manía que adoptan los astros para resurgir cada día por el levante, sin prisa alguna, sin contratiempos, me parece irrelevante. Miro alrededor, con estos ojos tan gastados ya por las letras, por los textos que nunca han de verse acabados, por las fúnebres prosas, por su manufactura, afanosa... tan amarillos por el tabaco. ¡Qué maldita manía, entonces la mía; la de hacerme el loco cuando la propia locura no es más que la vida, embriagada por tanta carestía!
Esta maraña de pensamientos me acompaña, y algunas veces como infante, ríe y me enseña que aun tiene todos los dientes, el corazón a flor de piel y que nunca miente. Esta maraña de sentimientos me acompaña, y algunas veces después de la agonía, muere y me condena al suave clamor de la hoguera, y que por las noches duele.
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