febrero 19, 2010

Ensueño (Fragmento #7)

Lo sorprendí agazapado detrás de un verso que despuntó súbitamente, para convertirse en una triste prosa; justo en la media noche, alejado de la jauría y vuelto en su más radiante locura.
Sobre las hojas de la hiedra, un tenue rocío...Calosfrío.
Voraces minutos con sus afilados incisivos carcomiendo el sonido, dejando ver a medias, el esqueleto del vacío que se entreteje en el silencio.
La oscuridad apresurada y a tientas tratando con ciego fervor de invocar al alba, y los incorruptibles relojes sin tintinear sus campanas.
El ave nocturna graznó un himno, en matices rapsódicos, sus ojos encontraron los míos. Una sonrisa sin destello brotó para mostrarme sus adentros...
Fuegos fatuos, el misticismo de una copa de vino llevada a los labios, una nueva soledad de manos frías, colgada del brazo...

febrero 08, 2010

Duerme Tranquila

La noche es demasiado oscura para no reparar en tus pechos. Estos gélidos vientos no hacen más que querer refugiarme en aquella utopía que solo encuentro dentro de tu vientre. Huir del vacío, de este vicio uniforme, de estos demonios alados, de las mentales peroratas.
No encuentro el manzano de la fruta prohibida, ni la serpiente de habla (supongo) hispana; no veo por ningún lado al "D"ios redentor, ni al mismísimo Diablo embaucador. La tentación debe ser (así me lo enseñaron), una lucha opositora a la salvación.
Pero ¿A mí, qué más me da cosechar un cielo o un infierno, sin la necesidad de un péndulo en busca de la equidad? ¿Qué más me dan loz relieves sulfurosos ó las nubes esponjosas, si por demás se, que serán de alquitrán?
Será tal vez que por eso escribo, sin reparar en las Glorias ni en las penas, o al cabo en la efímera diferencia entre la ebriedad y la sobriedad...
Duerme tranquila, que este Gato autonombrado Pardo, no te hará esta vez, si a caso maullar...

febrero 06, 2010

Necedades

Si pudieras regalarme cinco minutos
de sincera sumisión, ó tal vez seis
aunque bien serían mejor
algunos más, quizás diez.
Si pudieras dejar dormida
tu boca en la mía,
un instante, un momento
que dure toda la vida.
Si pudieras no partirme en mil pedazos
sino sólo en cien
y me cubrieras bajo tu manto,
para volver a ser, aquel de ayer.
Si pudieras contemplar mis manos
que cuando no te tocan, crean
y cuando te tocan,
logran olvidar oscuras necedades.
Si pudieras ahuyentar mis demonios
a las tierras salvajes,
a los océanos vueltos vapor
para quedarte, toda tú
reinando este infierno
con olor a licor.

enero 25, 2010

Anónima

Foto de Eric Marváz.
Fue tu aliento a Ron el que me conquistó, cuando titubeando atiné a preguntar tu nombre y me llevaste tus labios al oído, susurrando un certero: "Lo pongo a tu consideración". Y yo con mi extraño palpitar de manos y pies, no pude hacer más que divagar.
Me ofreciste, a primera impresión y sin siquiera conocerme ahí sentada, tu propia melancolía a cambio de lo que pensé, únicamente mis bolsillos, podrían darte. ¡Qué errado el hombre, que para calmar los temblores que nacen de lo desconocido, ha de dar por sentado un hecho, y no repara en especular, así mismo, sobre su propia ignorancia! Mis bolsillos, aún estando a tope repletos, jamás podrían darte la comodidad de recostar sobre mis hombros tu cabeza, ni tu sexo, radiante, podría ofrecerme al cabo, arremeter contra mi propio oleaje, y llevarme, en dirección al levante.
Tan sólo te miré, de frente y sin vacilaciones. Tu mirada por instantes perdida y a la vez insumisa, tus labios cerrados en tono carmín, y ese par de medias negras, cobijando tenuemente la tersura de tus piernas. El cristo que colgaba en la pared con las manos sujetas por sus milenarios clavos, tampoco habría podido liberarse. Y las mías, sin más ataduras que una vida martillada por dogmas, sin poder tocarte. ¡Cuán estúpido el hombre, que influenciado por teorías evolutivas, olvida la naturalidad de la concupiscencia! ¡Qué ímbécil el hombre, que antepone a prejuicios y a malformados intelectos, a la divina redención otorgada por la Mujer en la intersección de sus piernas! ¡Cuán meramente imbécil yo, de pie bajo el dintel de la puerta, cuando esperabas ya, una caricia que te obligara a abrazarte a mi espalda!
En ese instante te creí perfecta, y ese fue mi error. Los sabios de barbas largas y pelo cano a través de los años, como eterna perorata han negado la perfección. ¿Quién sería yo, para negar la voz de la erudición?
Aquel cigarrillo entre tus manos, terminó por consumir los sueños; los tuyos, los míos, los que intuimos tal vez como nuestros. Mi pensamiento, ausente, frío, descorazonado, perdiéndose a través de las mariposas que al suelo caían. Y yo sin saber más, sin tener más que decir, después de haber ocupado con tu silueta mi cabeza.
Fue entonces... cuando cerraste tras de mí, tímidamente la puerta, sin siquiera dejarme en los labios tu nombre...

enero 18, 2010

Nada

Y resulta que aquí estoy, una vez más como es mi inveterada costumbre, con un vaso de Ron en la diestra y llevando mi mente a una forma mucho más siniestra. Y nada... supongo que no son buenos tiempos para sacar los demonios a relucir, tal vez sea el frío que según los meteorólogos llega del polo, tal vez sea este enero que pinta como el peor desde hace demasiado tiempo, tal vez sea que las Musas duerman, ó simplemente, tal vez, no sean los mejores tiempos para este vicio, que se me ha hecho, éste, el de escribir...

enero 11, 2010

Reflejos VII

Hay un espejo frente a mí, que no me deja en paz. Lo miro, e inevitablemente me percibo en él, sonriente, irónico, ensimismado. “No puedo ser yo, de ninguna manera”. Esa mirada envuelta en luz no es la que yo me conozco, no es la que percibo cada mañana al lidiar con las navajas del rastrillo, esas que aminoran mis años. No, me niego rotundamente a aceptarlo como cierto. Y esas gotas que me escurren por la cara queriendo, tal vez, a toda costa escapar.
El agua de la bañera me relaja, aún está tibia y quieta, como tú, Mujer. Aunque quizás tú, estés ahora, deslizando mayormente ese tempano que terminará, por helar tu cuerpo. ¡Y qué linda te ves, ahí recostada frente a mí, con el cabellos negros rozando con sus puntas el agua, que ya se torna roja! Tus pies aún parecen, desde su eterna delicadeza, querer tocar a toda costa mi piel, que no es más, que el saco que almacena mis huesos. He de cerrar tus ojos Mujer, para no ver más sobre ellos, mi reflejo.

enero 08, 2010

Miedo

Miedo el tuyo,
el de encontrar frente al espejo
al despertar,
tu rostro transmutado
en el mío.
Mirar tu cuerpo y tocarlo
con esas, tus manos
que de pronto son mías
y no poder siquiera
liberar al cielo un suspiro.
Miedo el tuyo,
el más nocturno,
el que te lleva a bajar
la mirada, cuando en lo alto
la Luna, brilla airada
y al oído te murmura
tan solo mi nombre.
Oler mis dedos
justo después
de tirar el cigarrillo,
después de sentirlos
quemantes dentro
de tu vientre.
Miedo el tuyo,
el dulce y diurno,
el que te impide encontrar
mis ojos entre el tumulto,
fijamente mirando tu escote.
Mi barbilla astillar
esa divinidad encontrada
en el nacer de tus pechos.
Miedo el tuyo,
a que jamás mis labios
se posen sobre tus pies,
que mi lengua
en arrebato lascivo,
encuentre de lleno
el sabor concupiscente
de tus caderas.
Aventurarte a cerrar los ojos,
aventurarte a creer.

enero 06, 2010

Merienda

¿Por qué será, que cada vez que escucho la palabra razón, racional o razonable, últimamente empiezo a sentir serios síntomas de un razonable deseo de perder la razón?
Luis Eduardo Aute.
"Waltzing Maldita"
Comencé por tirar mis entrañas, al más profundo de los abismos citadinos, llamados cloacas. No han de servirme más, no han de ser cosa ya de mucho valor en estos tiempos, que etiquetan todo y a todos, con una calcomanía que oscila un rotundo precio.
Poco después, siguiendo a cuestas mi propio camino, tiré mis manos una vez cortadas en pequeñas piezas, y con ellas mis cigarrillos. ¿Para qué habría de quererlos ya, si no podría sostenerlos?. Las arrojé a los perros, a aquellos que tan furiosamente por las noches me ladraban, y no hicieron más, que acercar sus hocicos y con sus narices, después olerlas. ¡Malagradecidas Bestias!
Seguí mi camino, a paso firme y ensimismado. Era el tiempo de arrojar mi boca, aún con la espuma de la rabia por no querer, ser abandonada. ¿Qué más me daba? Ella nunca se tornó protagonista en mis días, y mucho menos en mis noches. ¡Al Diablo pues con ella, que si a caso regalo un par de sonrisas.
Llegue a casa, y ubicando el pasamanos de la encalada escalera, me deshice de mis ojos, ¡Y qué dolor! Subí al segundo piso y me dispuse después de, a fuego lento cocinarlos, encontré la falsedad de aquella frase que dicta, que de la vista nace el amor. Un poco de sal y el cubierto de plata, que así he llamado solo por su asemejado color.
Una vez merendado, saqué a tiras mi corazón, aún jadeante y palpitando y tan solo me recosté, a esperar el tren más próximo a la razón.
Dedicado a Mondragón de Malatesta,
por su oscuro misticismo en este vicio de las letras.

enero 02, 2010

Cierta Historia sobre la Mesa

Sobre la mesa, mis manos, que con sus chasquidos de pronto rompen el silencio y el crujir de la madera. Mis sienes palpitando, con cierto ritmo, con cierta métrica, lenta y dulce a manera de vals, solo que rodeado por un ambiente, mucho más fúnebre. Mis pies, bajo las patas de la silla (¿qué diferencia puede haber, entre patas y pies?) se cruzan, un tanto indiferentes, apartados de sí mismos, sin ánimos, sin deseos, sin una razón aparente.
Sobre la mesa, ahora recargados mis antebrazos, y la madera parece crujir más. "Debe ser de pésima calidad" (me digo), aunque se que me engaño, no logró aminorar la carga que ahora recae sobre ella. "¡Cuanto pesa mi cuerpo, ahora que a solas me encuentro!" (otra vez me digo). La camisa se ha desabotonado y el frío entonces entra y se cuela hacia dentro. Ese frío que de pronto hace sudar y que convulsiona la mente y parece querer sacar al propio espíritu, desterrarlo, llevarlo a los confines del desamparo, allá, muy cerca del olvido.
Sobre la mesa, ya mi cabeza ahí tendida, mis antebrazos levantados, mis manos revolviendo mis cabellos. La madera hace un arco, aunque ya no cruje, o al menos ya no la escucho. Mis piernas han muerto, mi piel palidece, mi pensar se va alejando... El frío se atenúa, la Luna y el sol a lo lejos copulan. Ese extraño aro de luz, se acerca, cada vez más, me ciega, me absorbe, me quema...

enero 01, 2010

Pensé...

Pensé que esta noche
la Luna no vendría,
pensé también que hoy
no me embriagaría.
Y a pesar de todo,
pensé que esta noche
a mí, llegarías.

diciembre 30, 2009

Recuento de los Tragos

En tono solemne (si éstos tiempos se prestaran para llevarlo como otrora, me quitaría el sombrero), he de comenzar esta perorata, con la sobriedad que traigo a cuestas por que bien, la ocasión lo amerita.
¡Vayamos al grano, pues
que cosa común en mí, es
autonombrándome lacónico,
relucir matices sardónicos!
Inventariando los ires y venires, haciendo el recuento de los daños (aunque tal vez, sería más prudente y honesto, decir de "los tragos") de los días y las noches, de las Lunas y los soles, recopilo un saldo (que a las grandes transnacionales las pondría levantado la vista al cielo), que muy cercanamente roza el cero. La balanza lo dice claramente, las ganancias se neutralizan cuando combaten hombro con hombro, a las pérdidas.
Este año ha sido duro, como un invierno que se estaciona con sus luces intermitentes sin dar paso al deshielo de la primavera. Este año, me gustaría describirlo como insípido, pero no podría, por no ser un denominativo justo, por que fue una perfecta parábola que vino de menos a más, que rozó la cima y se desplomó, para alcanzar de nueva cuenta la sima.
Este año en mi tan viciada y conflictiva Ciudad de México, no fui presa de la delincuencia del barrio; solo me han quitado mi dinero (pobre de él) como todos los años, los políticos y los mandatarios que hacen labor de dar gobierno, aquellos que son al final de cuentas (pobres de ellos, también), criminales de guante blanco. No fui tampoco extorsionado ni tampoco accidentado.
Este año la Muerte, apenas se presentó en mis noches, pese aquel cuento de la influenza que algunos llamaron "porcina"; pese a los cárteles que traen la droga a cada esquina y que no dan tregua, que por todos lados decapitan y por todos lados "encobijan". "D"ios, por cierto, ni sus luces.
Este año mis ingresos netos, se vieron atropellados por la recesión financiera de los países primermundistas y que llaman "desarrollados", por la falta de inversión, por ese puñado de hombres que prefieren cargar sus bolsillos, a caminar con ellos sueltos, y aminorar su ambición.
Pero este año, también (quizás gracias al Ron, no he quitarle merito), he escrito lo al cabo he querido, lo que he necesitado y lo que mi muy atormentada moral, me ha permitido. He gastado la vieja pluma una y otra vez deslizándola sobre el cuadernillo que a todas partes llevo; he filtrado mis pesares sin tener mayor artificio que ella, a manera de lastre.
He leído también, algunos versos, algunas prosas, algunas críticas, algunas palabras de aliento. He descubierto que mi voz taciturna hace eco dentro de la red; he encontrado grandes mentes que se plasman, grandes letras que me han hecho ferviente y asiduo lector, y por supuesto, un alumno. He hallado que a lo lejos, aún desde la más terrible noche, siempre es posible mirar hacia otros tejados.
Un agradecimiento a todos aquellos, que han posado su mirada, sobre estas letras mías y han podido soportar este vicio, que es de todos, el mismo.
Hasta el próximo año...espero.

diciembre 22, 2009

Diciembre

La noche cae irremediablemente, la Luna en el cielo parece que me sonríe (¿cuarto menguante? No se), las patas del gato (bien podrían ser las de uno pardo), sobre el tejado, silentes, tranquilas, en calidad de entumecidas. El viento sopla suavemente, con su aliento y mueve aquellos árboles que ya en ésta ciudad (de locos quizá), se extinguen. El ruido de los autos, en la oscuridad, poco a poco desaparece.
"Es diciembre", me digo y tomo el vaso repleto que me da por las noches vida (ó no sé, si en realidad me la quita), y brindo con él frente a los demonios mientras apresuro a consagrar en mis entrañas, su dulce contenido.
"Diciembre, ése que cada año (casualmente, por éstas mismas fechas) viene, aunque no siempre con los mismo bríos". Por que éste, el que ahora transcurre ha venido mermando mis ganas, e inevitablemente mis bolsillos; ha venido él desilusionado, cansado y extendiendo su vieja mano como mendigo.
Las jornadas laborales (éstas, las decembrinas), han sido un martirio; como aquella famosa piedra de aquel que nunca ha sido llamado "santo" y de nombre Sísifo. Y mucho he de temer, que mi historia, no llegue a más que al mismo final.
¿Quién fue el estúpido que (mal)logró, abrir malintencionadamente los mercados?
¿Quién cayó primero en la insensatez de mantener al hombre, con un precio, etiquetado?
¡Menudo círculo vicioso es aquel, que involucra el trabajo y el dinero! ¡Menudas idioteces las del hombre, que ha de pagar con creces!
Pero es diciembre, y aunque las festividades próximas apacigüen mis candores, ¿Qué hacer si las Musas sobrevuelan, pero no vienen a mí a verme?
Dicen que el dinero y la Musa han nacido del mismo vientre, que han bebido del mismo pecho la misma leche, que a veces van y a veces vienen; pero es diciembre, con su frío, con sus licores en cada esquina, y con este ánimo que mi pensar envejece.

diciembre 19, 2009

Aquella muerte (La Otra)

Aquella Muerte (yo la vi), no era igual a las demás; y aunque oscuro fuera su ropaje (como el del las otras), ella gustaba de los tonos pastel, y el colorete en sus mejillas.
Su andar me parecía sereno en esos pies calzados en preciosas sandalias (oropeles, ¿que se yo, que los seguí?), cuando se dirigían a ninguna parte.
Sus manos recorrían la tierra y el viento seco en un santiamén, deshaciendo torbellinos y buscando quizá, un apasionado beso (yo las sentí). Sus uñas nacaradas transmutadas, en garras; al cabo en dagas.
Sobre su cabeza esas flores que nacieron marchitas, y sin embargo, dulces aromas de tierras lejanas (yo las olí), emanan. Lilas, claveles, y de entre ellas algún extraño crisantemo.
Y su pelo interminable, cayendo hasta los suelos, también como la interminable noche (yo lo acaricié), negro. Un toque de azul eterno, le prodigaba la intermitente Luna.
La respiración a veces calma, a veces agitada, cortando con su guadaña esa extraña y cruel carcajada (en mi pecho más de una vez la cortó). Cuando de pronto un suspiro sobreviene de la nada.
Y sus labios provedores de excelsas ambrosías, esperando el beso que sellara el pacto (ese beso que embonaría perfectamente los míos labios), jamás besé.

diciembre 13, 2009

De mis Días ( y mis Noches)

Reza una canción a lo lejos, una triste y desgarbada misión, épica e imposible; un extraño vals sin un cuerpo que descifrar, pero con un alma, densa y obstinada en demasía. Y suena y resuena en sus adentros, cargado de espasmos y dolores, de achaques, de letras insanas en perspectivas ocre. Otra noche sin Luna desarrolla la catarsis, la búsqueda de una gratificación que resulte algo más que fálica; una caricia surgida desde los confines más deshabitados y asexuales; un busto de una mujer cualquiera que no me incite a la lascivia, ni a mayores escozores. Pero soy hombre, y desde chico la vida me ha inculcado ese sentido amoral, que termina por resultarme diáfano. Además de ser un simple mortal, al cual el vicio y sus propias pasiones, han embaucado y pronto enajenado. También mis sueños, estúpidos y profanos están ahí, con tacones altos de una mujer, que a veces conozco y de pronto desconozco, en medio de un par de suspiros, por su propia naturaleza, desmembrados.
¡Cuan estúpida me parece la objetividad ahora que yazco inmerso en esta dulce ebriedad!
El reloj, siempre adversario no me hostiga con su "tic-tac", ni este cielo urbano que tan periódicamente ha de carecer de estrellas me incita a rabiar. El navío se encuentra en calma, entre un oleaje manso, que lo lleva a ninguna parte; ya sea a las cumbres borrascosas ó a los inciertos valles, ¿qué importa?. Los lobos aullan esperando por costumbre el alba, esas luces imantadas de esperanza, aunque ellos jamás esperan nada, mientras yo los escucho haciendo gala de mi templada idiotez, de mi incomprensible desierto en el que las letras son mi Harem, donde el dolor producido por las llagas, me produce placer...

diciembre 12, 2009

Fragmento Autobiográfico #3

A veces me empecino
en hablar en tono gris,
en negar la vida (ésta)
como fatídico desliz,
en mirar la sonrisa
en lontananza,
sin someterla antes
a la verdad y su balanza.
Soy un viejo
con cara de niño,
un tunante de la noche,
merodeador, un pillo;
un autocondenado
a la hoguera incivil,
a la guillotina
(que más da),
por hacerme feliz.
Frecuentemente me encapsulo,
quemando en mis labios tabaco
después del tedio, ya sin disfraz
y una vez terminado el trabajo;
ese trabajo que me da,
para al menos sobrevivir
(no de éste, el nocturno,
que me lleva a malvivir).
¿Será que me he acostumbrado
a sortear la mierda en cada paso?
Me consuela pues, la labor del escribano
que narra, y dice y siente
que de su frente, lima lo saliente.
El elixir también, de caña por ser cubano.
¡Menudo borracho, entonces soy,
que a donde quiera que voy
ha de acompañarme un trago de Ron!
Del amor yo no hablo, sin más;
por que él habla solo
y su lenguaje desconozco.
¿Será que no lo entiendo
por no beber aguarrás?
El amor es un sadismo,
una crueldad refinada;
lo más cercano al abismo,
aquella gloria maquillada.
¿Será que el vicio, ha malogrado mi entender
y mi salud, mis propias ganas maniatado,
desde el mismo, absurdo ser?
No lo he de saber,
y mucho menos
(como ahora)
después de beber...

diciembre 10, 2009

Cierta Necesidad (gatopardeces y nada más)

Necesito definitivamente, un buen comienzo (lo dicen los grandes autores). ¿Cuál será? ¿De qué hablará? Sí, un comienzo y algún escenario propicio para que así, irremediablemente las ideas copulen... Aquí aún es otoño, aunque ni siquiera árboles existan en la ciudad, para mirar al menos sus ramas desnudas y así poderme inspirar. Pero pronto, también, llegará el invierno con sus copos de blanca nieve y su olor a soledad. No, definitivamente no. Ese espectáculo no llega hasta estas latitudes (hablo de la nieve, por supuesto. Aquello otro es cosa común). ¿Con qué estrenar este bolígrafo de dudosos orígenes y de perfectas, para mi dedos al cabo, dimensiones?
Necesito una Musa, tan solo una. ¡Sí, eso debe ser! Que se siente a mi lado y que dicte entera la próxima página, ya sea un verso ó en su defecto un cuento. Una Musa vestida de tul, que cambie de algún modo la luz que me brinda ahora el ordenador, por la de sus ojos enardecidos, ya sea por la dicha ó por el dolor. No, las Musas, la Musa, no vendrá, lo ha sabido ya. Zeus, o quizá algún informante, la habrán puesto al tanto de mis noches cargadas de alcohol, de mi tórrido romance con el Ron. En el fondo, cambiar este vicio, jamás ha sido mi intención.
Necesito un personaje, que algo diga y que al menos hable; de lenguaje lépero, altisonante y que a mi ser, no le sea del todo distante... ¡Demonios, empiezo ya a pensar en rima, en patético verso!
Necesitaré entonces, una situación que me sea del todo ajena, pero que puede narrarla directamente desde mis ojos; una situación vulgar y un tanto cruda, ferviente, llena de inmoralidad. Algo a la vez vano, aunque importante; algo que suene a innovador aunque lo haya leído en otra parte.
Tal vez necesite otro trago, no importa que con la Musa no comulgue, un cigarrillo quemando en mis labios, y el atávico anclaje que hace que mis ideas, no tan rápido se fuguen.
Hoy, necesito algo que decir, y que al fin y al cabo, no diga nada.