por completo tu boca
y la voz que emerge de ella,
cuando calles tus manos
y el ardor de tus uñas en mi espalda rota,
entenderás que sola te estrellas.
Cuando me hables de tu amor
y no del que por mí tienes
te estallará del todo el corazón
desde el vientre y hasta las sienes.
Cuando seas feliz
verás que solo fui una hojuela de cereal
que supo a dulce en un tazon azucarado
y no repararás jamás en cosas para dormir
sin causar estragos por roncar
y dejarás de extrañar a un cierto gato
al único que te hizo bien y te hizo mal
con su compañía cargada de salinidad.
Si alguna vez pides perdón por algo
nunca me lo pidas a mí
pues yo te conozco bien
y aunque me encantaría que lo hicieras
se qué para ti el perdón es un sobaco
de hedor inhumano e incivil
y peor aún que el mal olor en los pies.
Cuando callen tus labios
callará tu violencia
esa que no notas cuando la aplicas
aquella herencia de tus sabios
y que requiere de años para comprenderla
para no aceptarla como réplica.
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